El portafolio científico.

Desde que nos levantamos de la cama, nuestra cabeza comienza el trabajo de pensar para decidir en la ropa que vamos a vestir en el día, la primera comida que se nos antoja. Si tomamos café o té, cuál es la ruta más directa a nuestro trabajo, y cosas por el estilo. Muchas de las primeras acciones de nuestro día están determinadas por las condiciones de vida; lo cual hace que algunas se realicen sin ser conscientes. Pero, tanto las pequeñas e insignificantes, como las importantes y complejas, en conjunto, son los que nos identifican; la manera en que las enfrentamos, nos dan autenticidad.

La chispa inicial, la que motiva, por ejemplo, que decidamos por un café en lugar de un té, proviene de la constante información que capturan nuestros sentidos. Quizá tomamos café porque el hábito nos hace creer que nos despierta, o quizá, porque es lo primero que hacían nuestros padres cuando éramos pequeños. Podría ser también por un estudio médico en el que leímos que tomar café por la mañana es saludable, o por la influencia inconsciente de la televisión, en la que vimos, a una persona tomar café en una soleada mañana. Un sinfín de información, consciente e inconsciente, nos lleva a decidir por la mayoría de estas acciones.

Por esto mismo, en la actualidad, es tan importante —si lo que deseamos es libertad—, defender la democracia de la información. Porque la democracia nos ofrece un abanico de opciones, distintas perspectivas de todo tipo de personas. Los bombardeos de información llegan de manera concreta y abstracta, en ambos casos, aquel que la reflexiona, no solo la aplicación de esta, sino también piensa en sus causas y efectos, es un científico.

El científico debe reflexionar sobre un tema y mostrarlo: veraz y conciso. Es la forma en la que se puede pensar y debatir sobre nuestras acciones. Porque el científico sabe que la verdad absoluta es un mito, que solo es conveniente. Aplicable en lo que llega una nueva u otra idea, que la fortalezca o desmitifique.

La deliberación sobre los temas da resultados a largo plazo. Esto es que, entre más pensemos, entre más reflexión y debate hagamos sobre un asunto, entre más información exista sobre el argumento, más nos aproximamos a un concepto útil, pero nunca certero por completo. El conocimiento útil se logra a través de muchas generaciones, nunca es el resultado de un solo individuo. Se logra cuando enfrentamos distintas perspectivas. Los argumentos que las sostienen son los que nos dan una verdad conveniente.

Las mentiras que nos decimos.

En nuestros bolsillos, al alcance de nuestros dedos, existe algo que la humanidad deseó desde los Babilonios: juntar en un lugar todo el conocimiento del mundo; toda la información posible, pasado y presente.

La democracia que existe de la información, nos permite comunicar y acceder a cualquier persona que desee compartir sus conocimientos, su universo. Pero esta libertad, nos obliga a decidir, cuestionar y aceptar los datos y visiones que se nos ofrecen. Es una responsabilidad que debemos de asumir con la experiencia. Pero, en lugar de ser adultos y responsabilizarnos por aquello en que decidimos creer y compartir sin cuestionar, nos comportamos como infantes. Repetimos todo lo que vemos, sin ningún filtro, sin reflexión.

Esto se debe a que la base de la educación y cultura, es la imposición en lugar de la comprensión y persuasión. Para cubrir el inexistente madurar y pensar, nacieron filtros nuevos para dar autoridad a quien se expresa. Ponemos al populismo por encima de la búsqueda de la verdad.

Nuestras nuevas formas de validación: el portafolio o Curriculum Vitae. El empleo de estas herramientas, en la actualidad, ha hecho más daños que beneficios. Porque el problema de la información no radica en la persona o agrupación que la comparte, sino en la persona que la recibe. En lugar de hacer el trabajo que conlleva: pensar, estudiar y calificar a la información, acortamos el camino. La incertidumbre de nuestras decisiones y, el temor que tenemos por estar equivocados, se amortigua con el disfraz que se confecciona el científico.

En lugar de aceptar el hecho de que podemos estar equivocados, nos mentimos para sentir la satisfacción apática de que hicimos nuestra parte del trabajo. Nosotros mismos limitamos al conocimiento que ofrece la aventura y la exploración.

Sufrimos por ir en busca de la satisfacción instantánea, en vez de ser inquisitivos. Negamos la verdad, porque nosotros mismos desconocemos lo que deseamos. Nuestros objetivos se basan en la certeza. Es mayor el miedo que tenemos sobre las palabras críticas y de opinólogos, que aceptar ver el mundo desde la perspectiva del Otro que nos contradiga.

Para tener objetivos reales y claros, primero debemos de explorarnos, y, observar las metas con base en probabilidades. Sin el conocimiento real de nuestras metas, el portafolio, CV, o popularidad sobre un tema o persona, se acomoda a nuestros conceptos, esto es, dar continuidad a la estabilidad o mediocridad. La ilusión que tenemos por creer, saberlo todo, por estar en lo correcto, nos jala para atrás, nos mantiene con los ojos en el pasado y no en un posible y mejor futuro.

Todos Ganan.

Exponerse a distintas perspectivas y la crítica analítica van de la mano. La verdadera experiencia no se obtiene a través de la acumulación de éxitos, sino por medio de la reflexión en las fallas. Ensayo y error, debería de ser la máxima. Pero también es cierto que existen personas que no reflexionan en sus fallas y fracasos e insisten en continuar tropezando con la misma piedra. Porque esto se vuelve lo familiar para ellos. Al igual que la persona que vive lleno de éxitos, no desea explorar nuevas ideas. Ambos frenan la evolución. Los extremos nunca son un avance, en la mayoría de los casos son un ancla.

Sin embargo, el espíritu narcisista, el que cree tener siempre la razón, incluso, cuando carece de los conocimientos, impone su ley en lugar de persuadir. Este es el que necesita de la validación como salvavidas, para cubrir los vacíos de su imaginación y comprensión.

Con el debate y la deliberación, todos ganan. Estos son el cambio, quien se niegue a ellos, se niega a evolucionar. La motivación de ambos conceptos, tiene que ser una invitación a la reflexión. De nada sirven si nacen con la idea de convencer.

En un mundo de distintas perspectivas —objetivas y subjetivas—, escuchar todas enriquece el conocimiento. Todos avanzamos cuando nos abrimos a escuchar, sin la necesidad de validar a quien se expresa, sino al adquirir la madurez de la reflexión y la capacidad para poder generar una opinión propia. Una perspectiva nueva y abierta.

La aventura del héroe.

Por supuesto, el mayor obstáculo a superar, es que nadie desea ser desmentido. Pero ese no es el problema del científico, sino de quien toma la decisión —única e individual—, de aceptar lo que se dice.

La satisfacción inmediata y la apatía de pensar, nos hacen sostener nuestras certezas en el portafolio de una persona. Pero este, tan solo es una pieza de la identidad que forma al científico. Una identidad adquirida, construida que, en la actualidad, su única función es confirmar la mentira que nos decimos.

En lugar de auto-explorarnos, nos rodeamos de gente, que confirme nuestras creencias para obtener validación. Adoptar una identidad externa, aceptada, no la realidad de lo que somos.

Esto complica el nacimiento de mentes auténticas. Porque al pensar distinto a lo que es popular, convierte al científico en un paria. Impide la evolución, tanto de los creadores como del público. La aventura del héroe, queda reducida a un mito, que decidimos hacer realidad.

Conclusiones desde la mirada errante.

El héroe que decide pasar la vida en la búsqueda de su identidad, que se forma con la intención de pensar con ideas propias, o muere joven o desaparece pronto.

Es triste que en lugar de democratizar la información, construyamos cercos, que nos mantenga encerrados en lo mismo. La evolución del conocimiento es a través de la confrontación de ideas, de conocer otras perspectivas.

Pero nos gana la apatía de pensar, creemos que el conocimiento es igual a acumular datos, en lugar de comprender y aprender; procesarlos. La tecnología, según esta demanda, ahora nos dice que pensar con base a la popularidad de un tema. De continuar esta tendencia, la crítica comercial y populista, terminarán por desaparecer a la analítica.

También el trabajo auténtico desaparecerá, porque ahora los científicos trabajan para mejorar su portafolio, en crearse una identidad en el internet, para sobrevivir. Dejaron de ser curiosos en favor a la supervivencia. La objetividad del científico actual, se convierte en ofensas, la acusamos de fría y abstracta, solamente porque necesitamos que todo nos lo expliquen y sea inclusivo.

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