El desvanecimiento de la lectura de libros.

La publicidad de las librerías Gandhi, —adorno de redes sociales y avenidas—tan famosa que hasta en memes falsos se ha convertido—, ha sido tan exitosa, como los programas del gobierno para generar lectores. El último informe del INEGI muestra que en México, bajo la cantidad de libros leídos por persona al año, de 3.9 a 3.4.

Leer: la inversión del futuro.

A pesar de que en Latinoamérica el analfabetismo se reduce a niveles mínimos año con año, en los últimos 20 años, la cantidad de libros leídos por persona está a la baja. Existen montones de publicaciones, en redes sociales, miles de aforismos para motivar a la lectura.

Leemos todo el día: internet, correos electrónicos, subtítulos de películas, periódicos, blogs, revistas, redes sociales, anuncios publicitarios… formas de lectura no nos faltan. El problema es la calidad de nuestra atención al leer, y la calidad de lo que leemos.

Los libros, por ejemplo, cuando los disfrutamos, aprendemos a través del diálogo con el autor. Generamos preguntas que afinan nuestro marco de referencia de la vida; observamos y cuestionamos profundamente. La solución práctica, ya no es suficiente, para una mente inquisidora.

Cada vez que leemos, entablamos un diálogo con el autor. No importa cuáles sean sus motivos para escribir; si leemos con mente abierta, podemos descubrirlos. No hay límites para la escritura, ya que la imaginación del lector es infinita. Las fronteras solo las imponemos nosotros mismos.

Leer, más que un ejercicio, es un goce. En promedio, treinta minutos al día de lectura, son 10 páginas. Convivir, y conversar, media hora al día con el Quijote, con los pasajeros del Pequod, con Catherine Earnshaw, con Isabel Moncada. Escuchar el diálogo interno de Hamlet, o cuestionar la sabiduría del avaro, son las grandes oportunidades que nos ofrecen las letras.

Bastan tres minutos para leer una noticia sobre política o, acerca de los grandes males que nos aquejan. Incomprensible, de porque la gente se apasiona tanto, sobre lo que otros dicen, en referencia a lo que en carne propia se vive. Si estás en la posibilidad de evitar estás opiniones, huecas y miserables, hazlo. Cambia ese punto de vista, triste y gris, por el propio que se forma al leer con profundidad y atención. Verás que luego de unas cuantas líneas, lo que te rodea, tomará un color distinto; mirarás todo más limpio.

¿Por qué preferimos las inútiles y rasposas palabras de opinólogos, sobre las dulces melodías del poeta? Si aramos nuestra imaginación con esas semillas rasposas, si discutimos esas palabras llenas de mercantilismo, nuestro espíritu florecerá como hierba mala, producto de ese principio. Un poema de Rilke o de Sor Juana, está lleno de más preguntas, y sabiduría que miles de noticias al día. El poema alimenta, construye, nos da las herramientas para integrarnos al universo.

La relojería de las letras, está obligada a hacernos reflexionar, y cuestionar. Por esto, el relojero tiene la obligación de ser auténtico; mostrarse tal como es al lector. La calidad de su engrané, determinará, no solamente, la calidez de su alma, sino la naturaleza de sus lectores.

Todo se reduce a una decisión: la cualidad de palabras con las que deseamos alimentar a nuestro espíritu.

El pretexto del no-lector.

La intención de llevar a cabo una acción es porque no respondemos bien a la incertidumbre. El manejo de nuestro tiempo no depende de nosotros. Es una manera de aceptar que somos esclavos aspiracionistas.

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