Cuatro tiempos y una conclusión.

Escribir es apasionante, es la forma de comunicación más sincera que existe. Todo el tiempo estamos en un constante ir y venir entre lectura y escritura. El reto siempre está frente a nosotros: expresar lo mejor posible nuestras ideas; conmover al otro con palabras; hacerlo cómplice de nuestro universo.

Luego existe el reto de escribir una historia. Existen muchas fórmulas y teorías que nos ayudan a transmitir nuestras ideas de manera concisa y entretenida. Las más famosas, basan sus experiencias en la teoría de plots. Pero, a pesar de la insistencia y la carrera por mostrar cuál es la mejor de las escuelas, a la fecha, la mejor manera de apreciar y aprender a contra un cuento es, a través de la lectura.

Autores clásicos y contemporáneos, aprenden de fórmulas y métodos para llevar a cabo la ardua tarea de escribir un relato. Hasta la fecha, las fórmulas existentes, ayudan, pero no son la mejor solución para el principal problema que se enfrentan los escritores: la falta de creatividad o bloqueo, como lo llaman algunos.

La calma y el silencio lo acercan a lo espiritual. La observación y la paciencia son herramientas que nos ayudan a salir del laberinto del estancamiento mental. La curiosidad es la mejor de las respuestas que sirve como red para capturar ideas. Todo esto funciona, sí, son los utensilios necesarios, del día a día, del escritor. Incluso, de cualquier científico.

Pero ninguna de las arriba mencionadas, nos da la fórmula para escribir un relato que atraiga, que conmueva. Esas teorías y fórmulas de estructura, son una ayuda, pero no una verdad absoluta. Nada lo es en sí. No importa que tan diferentes y rebeldes deseemos ser para encontrar autenticidad, todos caemos, en la Poética de Aristoteles y El Héroe de las mil caras de Joseph Campbell, para salir de la simulación y entrar al mundo de las ideas.

Si lo pensamos un poco, incluso la aventura de escribir, cae en la fórmula. Estamos atrapados en ella, queramos o no queramos.

Toda historia comienza con una meta. ¿Quién no ama establecer metas? Es emocionante, motivador y nos hace sentir como si estuviéramos en control de nuestras vidas. «Voy a escribir un libro», «Voy a publicar un artículo en una revista famosa», ¿les suena familiar? Pero, vamos a ser realistas, establecer metas es solo el primer paso.

Ahora, hablemos de las fallas. Ah, las dulces y amargas fallas. Esas veces en las que nos sentamos frente a la pantalla en blanco y no podemos escribir ni una sola palabra coherente. O cuando leemos nuestro trabajo y nos damos cuenta de que es un desastre total. Pero no se preocupen, todos hemos estado allí. Las fallas son solo una parte natural del proceso de escritura. Así que, ¡a abrazarlas y aprender de ellas!

Y eso nos lleva al siguiente tiempo de escritura: el aprendizaje. Después de cada falla, viene la oportunidad de aprender y crecer. Leer libros sobre escritura, tomar cursos en línea, recibir retroalimentación constructiva de otros escritores, todo esto nos ayuda a mejorar nuestras habilidades. El aprendizaje es el combustible que nos impulsa hacia delante.

Pero el aprendizaje no sirve de nada si no lo aplicamos. Y aquí es donde entra en juego el siguiente tiempo de escritura: aplicar el aprendizaje. Escribir, escribir y escribir un poco más. Poner en práctica todo lo que hemos aprendido y ver cómo nuestras habilidades mejoran gradualmente. Es un proceso lento, pero gratificante.

Y finalmente, llegamos a las nuevas metas y la conclusión. Después de haber pasado por todos estos tiempos de escritura, es hora de establecer nuevas metas y mirar hacia el futuro. Tal vez ahora estemos listos para enviar nuestro manuscrito a editoriales, o tal vez queramos comenzar un blog propio. Sea cual sea nuestra próxima meta, recordemos que la escritura es un viaje interminable de crecimiento y mejora.

En resumen, los cuatro tiempos de escritura —metas, fallas, aprendizaje y aplicar el aprendizaje— son parte integral del proceso creativo. Aceptémoslos con una sonrisa en el rostro y un toque de sarcasmo, porque al final del día, la escritura es un desafío que vale la pena enfrentar.

Aplicar este mismo proceso a la historia de un personaje: cada enunciado, cada párrafo y cada página, al final nos dará como resultado una historia. De los plots, no te preocupes, llegarán por sí solos; aparecerán como por arte de magia.

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