Reglas de combate durante una discusión.

Una conversación tranquila e inocente, de una palabra a otra, puede convertirse en una discusión sin fin.

Circulamos por el día observando y cuestionando lo que se nos pone frente a nosotros. Cuando expresamos lo que habita dentro de nuestras cabezas, lo hacemos con el fin de compartir, aclarar o reafirmar nuestras ideas y conceptos.

A lo largo de nuestra vida adquirimos experiencias y conocimientos que se mezclan con nuevas ideas obtenidas al leer, escuchar y conversar.
Estas mezclas unen una idea con otra creando conceptos y construyendo un mundo interior que nos hace sentir seguros y protegidos.

De todos los conceptos que forman parte de nuestro conocimiento, algunos no son verificables o auténticos. Muchos son ideas construidas por otros que encajan en nuestro mundo de manera orgánica. Hay otros que nos gustan por su estética y los hacemos encajar a empujones. Hacemos remodelaciones para que formen parte de nuestros propios conceptos.

Algunas mezclas que unen conceptos e ideas son de baja calidad. Hechas a base de suposiciones y miedos. Extrañamente, estas mezclas son en las que más confiamos. Somos seres apáticos llenos de esperanza que aceptamos supersticiones y milagros.

Generar una mezcla sólida, resistente, demanda de un gran esfuerzo. Es un trabajo que nunca termina y requiere de mantenimiento periódico. Sobre todo de aquellas mezclas que sostiene muros de soporte.

Las álgidas discusiones inician cuando alguien amenaza la estructura de nuestras ideas y conceptos que forman parte de nuestro mundo interior.

Nuestras defensas, siempre alertas, protegen estos muros sabiendo la baja calidad de nuestras mezclas. Al ser destruidos estos muros, la penetración invasora del enemigo puede ser terminal, y destruir el lugar donde nos sentimos protegidos.

Un ejército disciplinado es consciente de la debilidad de nuestros muros y está dispuesto a reforzar o reconstruir, si es necesario. Con el fin de tener un mundo más firme, preparado para cualquier eventualidad o listo para enfrentar las batallas contra la ignorancia y el miedo. Podemos encontrar ciudades firmes y en apariencia bien construidas, pero que les hace falta mantenimiento. Han impedido la modernización de sus calles y avenidas frenando su crecimiento.

Hay mundos que han detenido su crecimiento. Sus defensas, poco tolerantes y ansiosas, atacan cualquier argumento a la primera provocación. Impiden la actualización y mejoramiento de las ciudades que en él habitan. En ocasiones, la falta de paciencia y capacidad estratégica, hacen que los ejércitos se lancen ante una amenaza débil y pequeña.

Para poder tener las mejores mezclas o fortalezas con las que ya se cuenta, es necesario poner a prueba su resistencia. Esta es la principal motivación que debemos de tener al iniciar una conversación. Exponer abiertamente nuestras ideas y conceptos.

Es importante ser abiertos a toda intrusión a nuestro mundo, nuestras mezclas nunca están del todo fortalecidas. Aquellos visitantes, al ser bienvenidos, aportarán y reforzarán nuestros conceptos. Construyendo estructuras firmes.
Las defensas ansiosas son fuerzas autodestructivas, no logran entender cuándo es un ataque y cuándo una ayuda. La paciencia y comprensión son nuestras principales armas para aprender a construir con la ayuda de otros.

Un ejército que observa, conoce los puntos débiles y fuetes de su mundo. Debemos entender que al momento de comenzar una conversación no estamos poniendo en marcha un ataque. Si atacamos a cada visitante, ellos responderán de la misma manera, como resultado, obtendremos recursos limitados a costa de un gran desgaste.
Una discusión no es un llamado a la guerra, es una invitación a construir y fortalecer nuestro mundo interno.

Derrocando dictaduras.

La verdad es una democracia. El idealismo democrático solo se puede alcanzar al abrir las puertas de nuestro mundo a todo tipo de visitantes. Nuestros muros no deben de ser sólidos como el acero, sino flexibles como el agua para que pueda adaptarse a cualquier forma sólida, envolverla y alimentarse de ella.

Gobernar nuestro mundo en una dictadura de la verdad, nos puede hacer sentir seguros y estables. Esto únicamente es una ilusión. Entre más fuerte parezca en realidad más fácil de destruir. Un mundo adaptable y abierto es tan profundo que sabe absorber los ataques, no necesitaría ningún tipo de defensa. Aprende a transformar lo negativo en positivo y desechar aquello que no construye.

Una dictadura cree en absolutos; blanco o negro. Para protegerse de las incertidumbres genera un ejército poderoso, muros altos, mezclas de acero. Esto hace ciudades poco adaptables y vulnerables. Para destruir un mundo así solo se necesita saber esperar y permitir que él mismo se hunda con el propio peso de sus ideas. Nadie es dueño de la verdad.

Construyendo un mundo mejor.

La construcción de un mundo ecológico se trata de convertir a nuestras defensas en constructores guiados por ingenieros y arquitectos creativos. En lugar de construir muros altos y firmes, construir canales que rodeen nuestras ciudades, permitiendo el riego y la circulación de ideas.

Un mundo sin ejército no ve a otro ejército como invasor. Acepta la exploración e invita a constructores a fortalecer su mundo interior.

Visitando otros mundos.

Discutir no solamente es abrir las puertas de nuestro mundo a otros, también es la oportunidad de visitar a otros mundos.

Cada cabeza es distinta y la mayoría es celosa, guardián de sus construcciones. Hay que aceptar, como buenos arquitectos, el mundo de otros tal y como es. No es sencillo cambiar de opinión de un momento a otro. Es una tarea complicada visitar una tierra extranjera y cambiar las cosas sin sembrar primero. La verdadera conquista se hace aceptando las ideas y conceptos que gobiernan otros mundos, adaptar los nuestros y juntos construir un mejor lugar.

Entre más certeza tiene una persona sobre sus construcciones, más cerradas son sus avenidas. Cuando somos invitados a visitar estos mundos, sentimos la mirada de sus defensas sobre nosotros. Tienen un ejército ansioso y listo para pelear a la primera provocación.

Para encontrar las maravillas de una mente trastornada y perturbada, debemos de cruzar selvas llenas de un peligro constante antes de enfrentar a su ejército. Un buen explorador, sabe reconocer peligros y trampas.
Un mundo protegido a toda exploración, donde la persona construyó sus muros con incertidumbres, al confundirlas con certezas, se vuelve un sitio inhóspito si lo enfrentamos de tú a tú.

La comprensión de sus objetivos y la claridad de los nuestros, nos permite ampliar nuestro espectro para reconocer lo que protege con tanto celo. Por lo general este tipo de mundos vive bajo la dictadura de la verdad. Y lo que protegen es dinero y poder. Estas personas están dispuestas a morir en cualquier enfrentamiento para proteger a estos falsos consejeros. En principio, parecen feroces guerreros invencibles que logran entrar por nuestras calles y avenidas. Destruyendo lo que encuentran en su camino. Como una especie de guerrilla.

Es una tarea desgastante sacar a los invasores de nuestro mundo. El poder y la avaricia son impredecibles e irracionales, y esa es su fortaleza.

La inseguridad que siembra en nosotros esta guerrilla, crece debido a que la alimentamos al hacerle frente. Al final quedaremos agotados y sin recursos alejados de nuestros objetivos personales.

El enfrentamiento solamente existe mientras nosotros lo aceptemos. El enemigo se alimenta del caos que produce nuestra mente como defensa. Cada paso que nos alejamos de nuestros objetivos, se produce inestabilidad e inseguridad en nuestro mundo.

Para contrarrestar el ataque debemos dejarlo de ver como un invasor, cambiar nuestra perspectiva, adaptarnos y no perder de vista nuestras metas.

Si nuestros consejeros, al igual que el otro, son el poder y la avaricia; triunfará quién más fácil pueda echar mano de estos recursos. Los recursos de la mente son más extensos y fuertes, el principal, la creatividad. Una creatividad sana puede transformar cualquier ataque y construir en lugar de destruir.


Es difícil expresar nuestras ideas en una conversación cuando carecemos de creatividad, más aún si lo hacemos desde una perspectiva de enfrentamiento.

Las discusiones son intercambio de material entre dos o más personas donde el respeto debe de prevalecer. La paciencia y la tolerancia son herramientas que se fortalecen a través de una reflexión sobre el arte y la ciencia.

Cuando vivimos bajo una dictadura de la verdad nos convertimos en presa fácil de cualquier provocación. Confundimos nuestros absolutos con certezas. Cuando en realidad la verdad únicamente es un fragmento que pertenece a un infinito del conocimiento universal; al cual desciframos a través de la curiosidad.

Un inválido mental es aquel que bloquea por medio de descalificaciones las ideas y conceptos de otros. Se hace el sordo e intenta imponer una verdad a medias.

Para tener una mente sana debemos de aprender a construir con el poco material que se nos da. Reciclar y adaptar las ideas de otros.

No debemos de agotarnos fortaleciendo a nuestras defensas. Es mejor instruir a nuestros ingenieros y arquitectos. Los muros son defensas que tienden a destruirse a diferencia de los canales que sirven para el riego. Haz que tus ciudades sean abiertas y cordiales a cualquier visitante. Cuando seas un turista, aporta y respeta otros mundos.

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