Mil decisiones antes del café.

Un día tiene 86,400 segundos, debemos invertir en la decisión correcta para aprovechar al máximo cada segundo.

Imagen de Frank en Human Coraza

De las decisiones que nos arroja el inconsciente, algunas son útiles, otras son un ruido ensordecedor que nos impide pensar con claridad y ver con perspectivas distintas el día que tenemos por delante.

El ruido provocado por la mente desorganizada, no es similar al ruido cadencioso de un mar en calma. Son olas gigantes, provocadas por una tormenta de problemas y confusiones postergados para el último segundo.

Cuando trabajamos en un proyecto o nos disponemos a disfrutar del día, lo que deseamos es mantener nuestra mente en silencio. Por sorprendente que parezca hay quienes su mente no les arroja ningún tipo de conversación interna; en su cabeza sólo existen conversaciones manidas. Nada les causa conflicto o evitan hacerse preguntas que sobrecarguen su responsabilidad en la búsqueda de preguntas. Como buenos maestros del escapismo, se refugian en pantallas digitales que les ayudan a estar en OFF. Antes de la era del smart phone, zombis espantando moscas.

Piensa detenidamente.

Cada número tiene su contraparte negativa, cada decisión está entrelazada a una indecisión. Con pupilas dilatadas nos esforzamos para calcular las probabilidades y consecuencias que resultaran de estas ideas encontradas.
Las personas con mente activa no dejan de reflexionar.

Constantes pensamientos que nacen de la nada en un bosque ya repleto de ideas y recuerdos, tienen que escoger un camino que los ayude a encontrar una salida.

La experiencia y creatividad son guías que nos ayudan a formular ideas que nos permitan resolver estos conflictos de la mente. Pero las ideas son como animales salvajes que corren y saltan de un lado a otro, ignorando nuestra llamada pidiendo orden.

Como resultado de lo rebelde de estas voces, hemos pasado una gran parte de la historia buscando varios métodos para domarlas y convivir con ellas. La meditación es una de las más comunes —rezos religiosos, la calma Budista—. En silencio le damos una amplia perspectiva y espacio a nuestra mente para decidir qué voces son las importantes. Cómodamente, el inconsciente ve desfilar a las salvajes ideas frente a él, seleccionando a cuál se le debe de colocar la correa para ir tras los pasos de un objetivo claro.

La contemplación es otra herramienta que ayuda a nuestra mente para tomar mejores decisiones.

Para contemplar necesitamos disciplina y mejores hábitos que ayuden al inconsciente a observar tranquilamente a las ideas ladrar y saltar ansiosamente frente a él, esperando se agoten. Antes, debemos haber hecho el esfuerzo de poner a nuestra mente a trabajar y enfocarse en una tarea especifica, así la selección de ideas será más sencilla.

La meditación y la contemplación son músculos que se ejercitan de manera habitual y consciente. El entrenamiento comienza con tareas de poca esfuerzo y de tiempo indeterminado.
Muchos quedamos atrapados en esta etapa, limitando la capacidad total de concentración de la mente. Esto sucede cuando nos sentimos cómodos cumpliendo pequeñas tareas que a la larga se vuelven más sencillas de hacer y dan resultados aceptables e inmediatos. Satisfechos, continuamos perfeccionando nuestra capacidad de enfoque en pequeñas tareas sobre objetivos a corto plazo.

Destino incierto.

Limitar a nuestra mente llegar a su capacidad total, es impedirle a encontrar ideas originales que navegan en el mar de decisiones. En ocasiones logramos verlas, pero las desechamos porque demandan de esfuerzo y trabajo por un largo tiempo. El consciente alimenta nuestro miedo haciendo que nos sintamos cómodos con el alcance de metas a corto plazo.

La inversión no es proporcional con el resultado. Todo es un sueño. Un camino por recorrer con destino incierto.

Cuando estamos en la búsqueda de una idea original, no debemos dejarnos engañar. Con fortaleza, debemos abrazar a la incertidumbre y seguir el camino; nuestra única recompensa es sentirnos bien con nosotros mismos. Creamos en lo que nos dice en nuestra disertación interna.

Las voces salvajes de nuestra mente existen porque quieren equilibrarse con su medioambiente. Presionan y gritan advirtiendo el desequilibrio que existe en el ecosistema. Nosotros sin saber cómo convivir con la incertidumbre, las callamos. Siempre es mejor que crear.

Inició del viaje.

Al inicio, nuestro navío zarpa del puerto sobre un mar de indecisiones. Se enfrenta a olas gigantes que intentan hundirnos. Debemos enfocarnos en la travesía para encontrar un balance y ya con un mar tranquilo navegar al puerto de las ideas originales.

Planear antes de zarpar facilita nuestra meta: al final del día, de la semana, del mes, del año y de nuestras vidas.

El plan se puede corregir, pero debemos evitar terminar en una isla calmada que no ofrece retos y aventuras. Debemos imponernos a encontrar una tierra virgen y salvaje para poder construir.

Si lo miramos bien, de los 86,400 segundos del día, son pocos los que utilizamos en tomar decisiones conscientes. Encontrar la decisión correcta es incómodo, no obstante no debemos temer a la aventura de la vida. El caos de las incertidumbres es donde se esconde la creación. Entre más caos, más originalidad.

Navegar en un mar sin olas, sí permite a la contemplación y ser consciente de los alrededores, pero también es un punto de conformismo.
Pocas personas escriben en el mundo y pocos son los que leen y de estos, pocos son los interesados en pensar lo que leen.
Si imitas el sistema de otro y adaptas tu vida para cumplir reglas y hábitos de otros, estás coartando a tu imaginación. Te estás arrebatando la oportunidad de vivir a través de la experimentación y el aprendizaje.

Prueba, equivócate y vuelve a comenzar. Existen tantas decisiones como rutas, prueba cada una de ellas hasta encontrar la correcta para ti.

Siempre habrá tiempo para probar una distinta ruta y siempre podrás cambiar de rumbo.

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