Hablar por hablar para demoler arte.

Criticar es un ejercicio sencillo. Y complicado es criticar a la crítica, criticando.
A todos nos gusta hablar de ideas. Ser curioso, es otra cosa; se necesita tener la práctica de pensar.
Al criticar ideas, engañamos a nuestras neuronas, creemos hacerlas trabajar a marchas forzadas. Ejercicio más sencillo que quedarse callado.
Los que no hablan y solamente escuchan, se ven débiles a los ojos de los idiotas. Quizás ignorantes. La mejor manera de parecer inteligente y respetable, es escupir palabras, mejor, cuando estas no tienen sentido y están llenas de ambigüedad. Por eso a la gente le gusta criticar.
Destruir la obra de alguien es fácil. Todo lo que leemos o vemos, sin curiosidad —cosa complicada—, lo desgarramos y lo hacemos trizas. Suponemos poner nuestro trasero a la altura del autor. Hay quien alega que esa es su manera de contribuir en el mundo.
Hay de todo tipo de críticos, muchos son verdaderas enciclopedias. Dedican su tiempo a señalar y gritar las razones de por qué no les gusta nada. ¿Por qué no hablar de solo aquello que disfrutan? Es una interrogante para mi corta imaginación.
Por supuesto, artista y crítico, siguen tendencias. Se tiene que comer y pagar renta. No importa si tenemos tatuados amor Fati o si andamos recitando el mito de Vincent van Gogh. La vanidad es nuestro comandante. Cumplimos sus órdenes como ciegos y mudos soldados.
Lo que necesitamos es hacer lo posible por qué se nos escuche. ¿Acaso existe un límite? ¿No nos basta con lograr hacer lo que nos gusta y complementa? La gente escucha mejor al que habla de los demás; al que señala, eso sí vende.
Si la crítica debe de existir, que sea para abrirnos los ojos a través de la información y la curiosidad.
Poner a un señalador oficial en un pedestal porque presume saber más que uno, es un cliché. Ese de ahí hablando puras estupideces parece saber más que yo. Apunta a todo lo que le incomoda a una mayoría; los que no están de acuerdo, cierran la boca o discuten con fanáticos obtusos.
Los ojos de un apuntador, intentan, pero no logran comprender los tormentos de un autor. Sus ojos son demasiado aburridos, secos y pequeños. Estoy de acuerdo que existen autores que nadan en la superficie y otros que se sumergen en las profundas aguas de su alma. Eso no justifica que nos vistamos de inquisidores y expongamos las carencias de nuestro espíritu y falta de sensibilidad.
Menos cuando no tenemos idea del esfuerzo que se requiere para crear algo de la nada. Podemos presumir ser expertos y comparar obras y vigor del artista, pero, ¿existe una razón lógica para compartir tu opinión? ¿Existe alguien que utilice tu crítica para construir? Evita compartir tu tristeza y mediocridad con otros. El mundo ya está lleno de mucha mierda, políticos e ignorancia, como para sumar tu granito de arena.
Nada es más triste que destruir el espíritu curioso de las personas.
No hay manera para saber si alguna obra va a trascender en las mentes del público. Dejemos que el tiempo lo decida.
Con tanta crítica en el ambiente, dudamos de nuestros gustos y sensaciones, eso también es resultado de los reprochadores. Censuran las mentes de su público.
¿Me molesta la crítica? En lo absoluto. Celebró todos los días que exista la libre expresión, aún a pesar de la cultura de censura. Lo que me molesta, es escuchar tantas críticas sobre tantas cosas —el 90 % de estos no crean nada fuera de sus señalamientos. Sería mejor que hubiera más creadores y menos jueces.
Y criticar no es producir, es utilizar el trabajo de otro para lucir nuestras capacidades devastadoras.
Abrazar y gozar de la ignorancia, quizás sea una forma de vida, pero de todos los críticos que pueda haber, el peor es el que critica por ignorante y por apático. Aquel que desprecia el silencio y lo tiene que llenar profiriendo insultos, descalificaciones y externando —con pedantería— su molestia por alguna obra o algún creador.

Callar nuestros comentarios incómodos, no es difícil, no los ignores. Mejor pregunta porque se producen. Quizás la obra enseña tu ignorancia o el artista, a través de su creación, señala tus miedos. Te molestas y enfurece, no la veas. Existen otras opciones, otras obras, te lo prometo. Y si tanto te ofende que no haya nada de tu agrado, comienza a crear.
Deseas llenar un hueco del vacío de tu cabeza, las respuestas están en tu interior. No tiene nada de malo no saber, no entender, no hacer caso a tus sentimientos, de eso se trata todo el asunto; de enseñarnos a madurar a nuestra mente y emociones.

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