La hoja de papel en blanco.

Se ha dicho mucho sobre el solitario trabajo de escribir. Es una manera romántica de ver a la escritura. Lo cierto es que la actividad no es sencilla, demanda de mucha concentración, energía y deliberaciones mentales. Cualquier ruido o discusión que surja fuera del universo interno del escritor, puede desencadenar su furia. Por eso las personas prefieren apartarse del mundo al escribir.

Existen autores que logran plasmar sus fantasías en medio de un huracán, sentados en un café o con niños saltando a su alrededor. Estos maestros del enfoque y la paciencia, me han compartido sus sistemas con los cuales logran silenciar su entorno y poner los ojos en la pantalla. Pocos me han enseñado sus trabajos finales. Así que no puedo afirmar o negar que este sistema funcione.

Está el otro extremo, el narrador que huye a una casa a las faldas de los volcanes o se hospeda en medio de un bosque mágico. El sueño es atractivo, pero poco productivo. Se corre el peligro de pasar el tiempo en contemplaciones.

Lo necesario para escribir es tener un poco de ambos mundos. Ruido y calma. Sobre todo, la disciplina para sentarse a escribir todos los días hasta apuntar fin.

Hay herramientas que ayudan al escritor, un teclado mecánico, una computadora funcional, cronómetros, bloqueadores de notificaciones, programas que facilitan la escritura, etc. Un océano de posibilidades que necesitan de nuestro dinero a cambio de una insuperable productividad.

Un matemático podría contra entre sus gadgets con una supercomputadora, pero si no tiene ningún problema que probar. Su máquina, no sería más importante, que un pisapapeles del escritorio.

Al igual un escritor, sin una idea o una historia, todos sus sistemas y herramientas, se vuelven una distracción costosa.

Un escritor escribe. Y no existen reglas para escribir, si las hubiera, existiría un libro. Por cada manual con reglas y sistemas. Existe otro que las rompe sin ningún esquema. En el arte; en todo el universo del emprendedor, hay estantes completos en librerías y páginas infinitas de internet que desean dar un poco de certeza al creador. ¿Sirven? Sí, así lo creo. Pero tenemos que leerlos con la cabeza abierta y conscientes de que quien escribe, habla de su experiencia.

En cada taller, curso o plática, cruzo mi camino con personas que dicen tener una historia, sin embargo, no saben cómo comenzar. Cuando escucho estás palabras, identifico a alguien con dudas y miedos, iguales a las de cualquier otro emprendedor. Aller anfang ist schwer. Con paciencia, escucho sus excusas y motivos que le impiden dar el primer paso. Pienso que uno debe de encontrar las motivaciones dentro de sí mismo. Reflexionar sobre su deseo.

Una regla única es que al iniciar una historia, la debes de terminar. Es un camino cansado y demandante. De ahí que se necesita estar comprometido con la tarea. Al escribir, un mismo alimenta y llena su alma de dudas, así, navegando entre inseguridades, debe de llegar hasta poner el punto final. La historia nunca va a ser perfecta, lo que más se va a alcanzar es a crear un buen borrador de las ideas salvajes de nuestras cabezas.

Al ser tan buenos nosotros mismos en llenarnos de miedos y dudas, ¿por qué nos preocupas por lo que opinan otros? En cada rincón del mundo hay frustrados y críticos. Mejor entiende las razones que te impulsan a escribir, y deja de suponer o pensar en lo que otros dicen.

Para comenzar a escribir una historia hay que hacer un paso muy sencillo: escribir. En el caso de que la cabeza sea un revoltijo de escenas dando saltos de un lado a otro. Olvídate de la aplicación publicitada, deja las tendencias atrás y enfócate en tener lo necesario: pluma y una hoja de papel. Toma asiento, y sobre una mesa haz lo siguiente: divide la hoja en tres partes iguales. En la primera parte escribe el principio, en la segunda parte el medio, y en la tercera el final. Listo, ya tienes el resumen.

Ahora solo queda escribir, una escena a la vez. Letra por letra; palabra por palabra; oración por oración; párrafo por párrafo. Repetir el ejercicio cada capítulo y días después, todo depende de tu disciplina, tendrás una historia escrita.

Publicar tu historia a través de una editorial, es otra historia. Y lograr que le guste al público otra, aún más compleja. Hoy en día existen distintas formas de exponer tu trabajo: libros digitales, blogs, concursos literarios. Incluso, hay quien comparte sus novelas, por medio de correos semanales. Cada semana o mes, un capítulo nuevo.

Está el deseo de varios dramaturgos de convertirse en un Murakami o el próximo García Márquez. Lo primero que tengo que decir al respecto es: ya existen, ahora es tiempo de escuchar tu historia. Lo segundo, incluso ellos comenzaron con algo y aprendieron a vencer sus temores. Una vez más, el primer paso es escribir.

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