El menosprecio por el arte de escribir.

El mundo en el que vivimos es un sistema complejo. Es un feroz mar amenazante que descansa frente a nosotros. Un buen día, decidimos adentramos en él con brazadas desesperadas y la idea de librar las pesadas olas; estas nos escupen de regreso a la playa revolcados en arena. Con Resiliencia, peleamos contra ellas, pensamos que después de un buen rato de nadar, las hemos superado y nos encontramos en mar abierto. La realidad es que el fuerte oleaje nos mantiene en aguas bajas.

Si nadamos hasta agotarnos, sin siquiera detenernos a pensar en el por qué de lo obstinado del oleaje por no dejarnos avanzar, pasaremos la vida nadando paralelos a la orilla de la playa, sin nunca llegar a aguas profundas. En cambio, quien se detiene un momento a meditar, logra avanzar un poco más. Intenta de nuevo, se detiene, medita y continua. Vive sometido a la rutina porque su deseo es avanzar con propósito. No mantenerse a flote donde las suaves olas lo hacen retroceder.

Meditar, no es escoger el mejor camino, es descifrar los secretos del mar para aprender de este y aprovechar su energía para avanzar. Existen muchas formas de meditar, las más naturales al ser humano son las bellas artes.

Las bellas artes estimulan nuestra curiosidad, fortalecen a la imaginación y expande las fronteras del conocimiento. Todas están incrustadas en nuestro ADN; desde temprana edad, danzamos, esculpimos, pintamos, construimos, producimos música, actuamos, leemos y escribimos. Contemplar es la mayor virtud de los infantes; así se desarrolla la mente humana.

Pero es la palabra escrita la que termina por predominar en la vida. De ahí que para expresarnos, lo hacemos a través de la escritura. Compartimos las ideas que se forman en nuestra mente en formas de cartas, libros, mensajes por celular, comentarios en redes sociales, correos electrónicos y blogs.

La profesión de escribir.

Todos los seres humanos tenemos la capacidad de escribir. Escribimos porque nos libera de la carga pesada de ideas que tenemos en la cabeza. Lo hacemos para opinar y reflexionar sobre nuestros días.

Para varias personas, escribir es tan necesario que lo escogen como profesión. La acción los define, la de significado a sus vidas. Es a través de esta, que intentan comprender los misterios de la naturaleza en la que habitan. Pero escribir como profesión no es sencillo.

Antes de dedicar nuestro tiempo a vaciar en una hoja de papel en blanco nuestras impresiones. Y pelear contra miles de palabras para escoger la correcta que describa nuestras emociones, tenemos que considerar dos cosas importantes:

La primera, saber deletrear, si no lo sabemos hacer, escribir será una difícil tarea que terminará por frustrarnos. Si no sabemos las letras que forman las palabras que necesitamos para decir lo que queremos, es muy probable que al final diremos cosas que no quisimos decir. Como diría el gran filósofo Yogi Berra “En realidad no he dicho todo lo que dije”.

La segunda, saber construir oraciones coherentes. Para esto no hay reglas, existen sugerencias. Lo que si debemos de respetar es que una oración tenga sentido, i.e., diga algo que se entienda.

Estoy seguro de que hay varios puristas de la escritura que sumaran las reglas de escritura básicas y un dominio total de la ortografía. A ellos, lo único que les puedo decir es: aprendan a disfrutar la vida.

Todos los argumentos de estos puristas son válidos, solamente no los comparto. Sin lugar a dudas, la ortografía es importante, pero no necesaria para escribir. Si eres alguien a quien le molesta y haces dramas por la falta de acentos. Organizas discusiones estúpidas porque —a pesar de que la norma se unificó—, insistes en que la palabra solo, cuando es adverbio, llevé tilde, esto porque te confundes, estoy seguro, que tu vida está llena de emociones fuertes.

En los últimos años, se ha discutido mucho sobre el uso de la e y la x, para neutralizar pronombres, sustantivos y adjetivos con toda arbitrariedad. Me causa gracia la discusión, ya que en el mismo periodo de tiempo se utilizó mucho la palabra satinizarsin que a nadie le molestara. Supongo que esta palabra nos dice que, algo se desinfectó tanto, que llegó a la más grande de las purezas.

Tampoco digo que nos importe un comino la ortografía. Los extremos y absolutos son una perdida de tiempo para el artista. Lo importante es que se tenga claro la idea que se desea comunicar y, cuando suceda, por ejemplo, en lugar de querer decir te amo, escribes te la mamo, tu problema es de deletreo y no de ortografía.

La tarea principal de un escritor, es escribir.

Esto lo decía un buen amigo mio que por desgracia murió hace un par de meses en uno de los accidentes automovilísticos más estúpidos de los que yo me he enterado. Fue atropellado por un auto dentro de una cafetería. ¿Qué hacía mi amigo dentro de la cafetería? Escribía.

Él, estudió abogacía por exigencia de su padre. En su familia era una tradición obtener un título universitario y solo entonces podría dedicar su tiempo a lo que se le viniera en gana. Su pasión era la poesía, escribía más o menos 4,000 palabras al día entre poesía, cartas y ensayos. Para mantenerse, en lo que lograba publicar su obra, trabajó en un despacho de abogados. Escribía todas las mañanas antes de ir a su oficina y todas las noches antes de dormir.

En el tiempo que lo conocí, me platicó que, al llegar a su casa ya muy tarde por las noches —irónico, él no manejaba porque pensaba que los autos eran sarcófagos con ruedas—, tenía que esforzarse mucho para escribir. Luchaba contra su impulso de tirarse a ver la televisión o navegar por las redes sociales. Sin embargo, al tomar su pluma y libreta, entraba en un trance. Lleno de emoción, lograba escribir grandes líneas llenas de letras hasta que sus ojos le ardieran de cansancio.

La lógica de las ideas.

El gran reto de un escritor es plasmar sus sueños y fantasías. Dentro de nuestras cabezas, estos tienen lógica, pero al escribirlos, descubrimos que ninguna de nuestras ideas puede existir en el mundo como lo conocemos.

Entonces creamos un universo, en el cual, estas ideas, estos conceptos, puedan existir. Armamos oraciones y párrafos llenos de descripciones, muchas, seguro desaparecerán en la edición, pero de momento son una solución. La mente del artista tiene más universos que Marvel, DC cómics y Star Wars juntos. El gran problema con el que se enfrenta es encontrar la manera de darles un sentido lógico que el público pueda entender y disfrutar.

Están las herramientas de otros autores, por supuesto, pero ese es su universo. Lo que deseamos es generar el nuestro y compartirlo. Para esto, necesitamos de mucha concentración, experiencia de vida y aprender a escuchar y ver al mundo que nos rodea. Ahí viven las ideas, y el escritor, como hábil carterista, las debe de robar.

La síntesis narrativa.

La cualidad del buen escritor es su síntesis para narrar. Muchos adjetivos distraen, pocos, aburren. Mucha descripción es redundante, poca, nos aleja del drama. Balance es lo que se tiene que encontrar.

Para lograr un equilibrio no existe una respuesta correcta, lo que tenemos es un ritmo. Las primeras notas de la quinta sinfonía de Beethoven, son las más logradas y conocidas en el mundo. El significado de ellas es diferente para cada persona, y habló solamente de las primeras notas. Toda la sinfonía está llena de emociones acompañadas de una melodiosa armonía.

Es igual con la escritura. Circulan miles de frases en las redes sociales de distintos autores que nos remiten a un recuerdo propio o nos hacen reflexionar. La escritura es, por lo general, menos abstracta que la música y muchas de estas citas, se dicen o muestran fuera de su contexto original, no obstante, representan una idea que cada mente la transforma en propia a través de su propia experiencia. Eso es una síntesis bien lograda. “Mis palabras vuelan, mis pensamientos permanecen abajo”.

No-persona.

El escritor, al que la necesidad le demandas escribir, y no lo hace, pierde identidad. Cuando somos niños, escribimos de todo, hacer bolitas y palitos, es una de las mayores alegrías que tenemos. Todo se celebra y nos sentimos satisfechos cuando después de un gran esfuerzo, logramos aflojar los músculos de nuestra muñeca y brazo para crear letras que nuestros padres puedan llegar a entender.

Luego, aparecen los malos maestros y padres que cortan de sablazo nuestro placer por la escritura. Critican la forma de nuestras letras, nos dejan páginas de rayas y círculos infinitos. Hacen los dramas más grandes cuando nuestra letra P parece una bandera de un ejército invasor. Nos miran decepcionados, y como no va a ser, si los sueños de ver a su prole convertirse en médico se han derrumbado por una simple letra.

Con todo esto, el que atiende al llamado para escribir, no desiste. Ese incendio que viene del alma, solamente se extingue cuando logramos dar sentido a nuestras palabras. Shakespeare no se detuvo, inventó palabras que ahora se utilizan en el inglés para expresar sus ideas. Erasmo, que aprendió a escribir con belleza y claridad a través de la tortura, fue piadoso con los que no tenían su mismo talento. Los alentó a no detenerse. Claro, sí, lo que deseamos es dominar la palabra con soltura e ironía como lo hizo Sor Juana Inés, debemos de aprender, practicar y exponernos.

La palabra perfecta nace en el caos.

La persona que se alimenta de quejas, siempre encontrará algo que criticar. No te preocupes por ellos. Tampoco te confundas. Si decides de entre las bellas artes escribir, porque no sabes pintar, esculpir o ni siquiera cuando tocas una puerta lo haces sonar con gracia, entonces detente y piensa.

Escribir, no es un escape de la realidad, es una manera de confrontar la realidad y encontrarle significado. Todo el arte lo es. Para escribir se necesita el deseo de hacerlo, y para lograrlo, disciplina. Como toda expresión de arte, tu exposición no está obligada a comprenderse, eso es resultado del talento y la suerte. El arte no depende de la causalidad, depende de la incertidumbre.

Para aumentar la probabilidad de que el camino del talento y el camino de la incertidumbre intercedan, debes de escribir mucho y estar en constante exposición.

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