La cómoda silla de un director de cine.

Un director de cine, coordina y dirige la preparación, el rodaje y montaje de una producción cinematográfica.

Concreta, con imágenes en movimiento, la idea abstracta de un guion. El guion de cine, no necesariamente es una obra literaria con estructura y reglas, puede ser solamente una frase en un papel o un mapa mental. Vamos, el guion de cine, en términos prácticos de una película, es únicamente una guía.

La principal función de un director de cine es, visualizar esta idea abstracta y darle forma a través de una narrativa visual.

La evolución del trabajo.

En los incisos, un director de cine necesitaba de una idea y una cámara. Convocaba a varias personas y les decía que hacer, en algunos casos a aquellos con talento, los dejaba proponer con libertad. El método de trabajo rindió frutos, pero la creatividad y visión de distintos directores hizo evolucionar de manera rápida la narrativa visual. 

Con esta evolución, creció la demanda del público por historias cada vez más atractivas y profundas. Entonces, el director debió de rodearse de gente especializada en varias disciplinas para alcanzar los gustos generales. Actores, fotografía y diseño de producción, empezaron a ser trabajos que demandaban profesionalismo y experiencia.

Un músico, para escribir una sinfonía, necesita —además de pluma y papel—, un piano o una guitarra. Alguien que sepa leer una partitura musical, no necesita escuchar la sinfonía en un auditorio para reconocer la calidad de la obra. Pero sí lo que desea es mostrarla al público, es importante que reúna todos los elementos y la materialice.

Digamos, un solista puede componer y exponer su obra en cualquier espacio público en compañía de su instrumento. No obstante, si lo que desea es presentar una sinfonía, requiere de más gente e instrumentos. Igual un director de cine en la actualidad.

El artista es un empedrador pobre. Más cercano a un soñador que a un empresario. Pasa los días conciliando las deliberaciones de su alma, mientras vaga por calles y los surcos de su mente. Encontrar este equilibrio depende el éxito de su obra.

Alguna vez, en busca de financiamiento para una película, alguien me dijo “Si lo que deseas es dinero, vende seguros”. Saber vender, es en sí, un arte. Pero el trabajo del vendedor se basa en el engaño o verdades a medias. El del artista es, vender verdades absolutas y sinceras.

El producto que ofrece un artista no es, en términos modernos, palpable de utilidad práctica. Al contrario, es un alimento espiritual que, nutre nuestra curiosidad y capacidad para cuestionar los productos que nacen del consumismo.

Para llevar a cabo una sinfonía o una película, se necesita de inversión. El cine, al carecer de artistas con las habilidades empresariales, adoptó la figura del productor musical y teatro. Así, el sistema comercial de la cinematografía —aún en pañales—, le quita el peso de empresario al director para permitir que se dedique exclusivamente a la coordinación de talentos artísticos. 

Las funciones del director de cine.

Como he mencionado, la función del director ha evolucionado igual que la manera de hacer películas. En el mundillo del cine, existe la atmósfera de dar al director de cine el papel de creador todopoderoso. El responsable de la creación del cuadro. Esta idea romántica, debería ser erradicada de la filosofía del quehacer cinematográfico. El cine es un arte multidisciplinario, y aunque existen proyectos donde una persona ejerce funciones claves de la producción, no lo hace igual a un músico, pintor, escritor, etc. Las películas son el resultado de un trabajo de equipo.

Una película le pertenece al público, pues es este el que paga por ella. Quizás no se alcance a cubrir el costo de su realización con la venta de boletos en taquilla. Cuando sucede esto, no debe de caer la culpa o responsabilidad sobre una persona, sino sobre un equipo de trabajo.

El trabajo del director inicia con la visualización del guion. Es una labor en solitario, donde explora secuencia por secuencia, toma notas y materializa con acción, la esencia y objetivos de la escena. Esta primera aproximación es importante, a partir de ella se ve el costo general, necesidades y estilo del proyecto.

Entre mejor claridad haya en los detalles y objetivos, será más sencillo comunicar o compartir sus imágenes con el equipo de trabajo. Si no te llamas, Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Steven Spielberg, Stanley Kubrick, haz el trabajo. Apunta en una libreta tus ideas y desarrolla cada secuencia en imágenes y descripciones. Y solamente para aclarar, los directores antes mencionados, hacen este trabajo en cada película.

El inicio de la producción.

Cuando el director tiene la visualización completa de la historia, busca la ayuda de un productor. Hablar con un productor es complicado y desgastante. Por lo general, son personas que solamente piensan en costos, y su ego les impide empatía. Todo lo pueden, a todo le dicen que sí —lo ven como un reto—, y es muy raro toparse con uno sincero. Como anécdota, Francis Ford Coppola, con trastorno de doble personalidad, cuenta que ha vivido discusiones acaloradas entre director y productor. Sin embargo, para lograr que el proyecto se consolide, debe de existir un equilibrio entre la visión del director y el productor.

Al alcanzar un acuerdo entre las personalidades más importantes de la producción, da inicio la selección de un equipo de trabajo. Por desgracia, para muchos proyectos, es el comienzo de una guerra de egos. El ego es el peor enemigo de un artista y es un destructor de películas.

El tedioso trabajo de la preproducción.

Un buen director es consciente de que no importa que tanto detalle tenga en la preproducción, siempre quedarán huecos e incertidumbres. Es fundamental tener juntas continuas con todos los departamentos, aclarar, de manera paciente, todas las dudas, y saber expresar las razones de su visualización, esto es crucial.

El trabajo no solo consiste en escoger a los actores, hay que hacer ensayos y maquetas de cada escena. No es pretexto el aún no tener definida una locación. Sí, facilita imaginar una escena en el lugar donde se va a desarrollar. Pero sin una claridad en lo que se desea alcanzar, el espacio se convierte en un elemento costoso y desaprovechado.

Ya sea por apatía o porque nos sentimos muy inteligentes, evitamos desglosar cada escena y hacer anotaciones de ella. La etapa de producción es desgastante y demanda mucho enfoque. Dejar a la mente el trabajo de recordar es solo entorpecer la calidad y el proceso de la producción. A cada momento se toman decisiones, tenemos que ser flexibles y saber adaptarnos a las condiciones del momento.

Una manera de administrar los recursos de la mente, es escribir en cada escena, palabras claves, que nos ayuden a recordar el propósito de ella. Por ejemplo, poner cuál es la emoción que se busca mostrar; lo colores que deben de predominar; los sonidos; etc. Esto ayuda cuando somos sorprendidos, en medio de una toma, para tomar la decisión inmediata sobre un vestuario o un elemento de la decoración, sin distraer nuestra mente de la escena presente que estemos realizando. 

El trabajo esencial en la etapa de la preproducción es la puesta en escena de cada secuencia. Tener decidida cada toma y la cantidad de emplazamientos es una ayuda, no solo para la claridad del director, sino para todo el equipo. La economía de emplazamientos es importante, y ser conciso, es crucial para la producción.

John Ford, David Lean, Alfred Hitchcock, François Truffaut, Éric Rohmer, entre otros, fueron directores meticulosos que lograron, en una toma, desarrollar teoremas filosóficos. Quizás uno de los más grandes de la narración concisa fue, Yasujiro Ozu.

Dos escenas en la historia del cine ilustran este trabajo de manera clara. Michael Mann, en la escena del café, entre Robert De Niro y Al Pacino en la película Heat. Stanley Kubrick, en Eyes Wide Shut, en la escena entre Sidney Pollack y Tome Cruise, que sucede en el salón de juegos con la mesa de billar.

La producción.

La etapa de la producción, es cuando el director se encarga de dirigir su orquesta visual. Aquí es donde se pagan los pecados y omisiones de la preproducción.

Imaginen a un director de orquesta, improvisando y experimentando, a la hora de representar su sinfonía. Por supuesto, esta es en vivo y directo para el público. Y la etapa del set de filmación es aún proceso temprano de exposición. Sin embargo, es similar su ejecución, en ambas, es importante saber que se debe de hacer y cuando hacer. 

En el set de filmación no es tiempo para titubear o planear, ese barco ya zarpó. Es el momento de hacer. Pero hay ser pacientes, filmar una película es un maratón, no un sprint.

Para lograr una producción efectiva y de calidad, el director debe de administrar su energía mental. Al no hacerlo, termina esclavo de la situación, ve a todos como sus enemigos. Las dudas y miedos, termina por crear una atmósfera de caos en el set. Debemos de recordar, el ego es nuestro único enemigo.

Es común en nuestra cultura, mirar a un director de cine como el artista solitario de pincel y lienzo. Esto es un error, una vez más, el cine es un trabajo en equipo y el director solamente es un engrane más de la maquinaria. No apapachemos y consintamos caprichos, mucho menos, justifiquemos la falta profesional, al no llevar a cabo el trabajo previo. Y a la hora de analizar las secuencias, es también un error, depositar la responsabilidad en la figura del director. Es una responsabilidad compartida. Por ello, debemos de ayudar y guiar con nuestro talento y experiencia, a que el proyecto se desarrolle de la mejor manera.

El arte del montaje.

Cuando la responsabilidad de entregar un proyecto terminado es de la producción, se tiende a sacar de la ecuación al director en la etapa de edición. Sin embargo, este debe de entregar un primer corte de su trabajo, el cual muestra su visión personal.

La escritura del guion, la preproducción y la posproducción, son las etapas creativas del cine. Un director enfocado, captura las imágenes necesarias para mostrar tanto los conflictos internos como los externos de los personajes.

Es casi imposible, para cualquier artista, imprimir de manera exacta las ideas formadas en su cabeza. Para lograr un buen trabajo es necesario estar concentrados en las metas, y confiar en la planeación.

Cuando lo logramos, el montaje se enriquece y se convierte en una aventura divertida. Con suficiente material, obtenemos ritmo de las progresiones dramáticas y belleza en la yuxtaposición de imágenes.


El trabajo del director consiste en que obtenga claridad en sus ideas y conceptos. Muchos confunden, como la labor principal, dirigir actores, controlar los movimientos de cámara y ser un tirano al armar el cuadro cinematográfico. Esta filosofía, no solamente es anticuada, si no les ha funcionado a pocos directores en la historia. Es la idea popular porque muchos artistas han alcanzado la fama con esta característica. Lo que no escuchamos o leemos, es de aquellos que no lograron sobrevivir trabajando de esta manera. Y son muchos.

El éxito radica en la imaginación. Alimentarse de todo: música, libros, películas, poesía, calles, gente, pláticas y discusiones, en sí, de vivir la vida, de todo lo que nos llama directo al alma. Con estas herramientas, alimentamos la visualización. Entre más clara nuestra idea, mejor podremos comunicarla a nuestro equipo de trabajo, en el cual debemos depositar toda nuestra confianza. 

Saber comunicarse, adaptarse e imaginación, es lo necesario para lograr dirigir un proyecto. Solo al fortalecer estas características, sabremos coordinar y crear imágenes.

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