Agotado y estresado, según el doctor, ¿qué va a saber? Así transcurrió la semana. En un momento me senté a escribir sin éxito. Las palabras no fluían. Recurrí a la web para encontrar inspiración. Leer todos los trucos que hay de los escritores que, por enfermedad, golpean su cabeza contra la pared para sacar ideas. Las soluciones son vastas; el internet en cada hijo un escritor nos dio. Sin la floreciente industria del consejo, los bloqueos mentales serían imposibles de superar.
El experto —avalado por el trabajo de estar preparando su primera novela los últimos 10 años— ofrece una fórmula maravillosa. Sin embargo, en las primeras líneas de la promoción de su curso de tres semanas, topo contra pared. Lo primero, dice este, es tener una rutina: despertar a las cinco de la mañana, meditar, hacer ejercicio, escribir en un diario y tomar un desayuno ligero. Todo esto funciona si la noche anterior hacemos una detallada lista de tareas colocando primero tres no negociables.
Pensé por un momento intentar la fórmula; quizá la próxima semana iniciaría con una rutina parecida. Un no negociable es levantarse de la cama antes que el sol aparezca en el horizonte, ¿el experto estará de acuerdo conmigo? Su propuesta dice que la idea es estar listos antes de las nueve de la mañana para escribir. Asegura que el mismo genera tres artículos al día con este sistema. Así lo constata su blog. Leí sus últimos tres artículos publicados. El primero es acerca de mantener una relación con su pareja a sus 19 años. El segundo trata de superar una infidelidad. El tercero es impactante; en 300 palabras se confiesa infiel y, con argumentos sólidos, dice que es natural en los hombres. El más largo de sus textos: 700 palabras, muestra con dichos y pruebas la teoría de que Paul McCartney murió en algún punto de la historia de The Beatles y después hubo un sustituto que se volvió el líder de la banda.
Continué en la búsqueda hasta llegar a un interesantísimo artículo que resumía en 500 palabras y un checklist el sistema de Italo Calvino. El articulista lo comprendía todo y sus más de 2,000 seguidores daban fe de que sus consejos funcionan. Se trata de un norteamericano que vive en la Condesa aquí en la Ciudad de México. Este no despierta de madrugada; lo hace entre nueve y media y diez de la mañana. Camina por un parque cercano, disfruta de un café. Trabaja una hora y media al día antes de comer. Después de eso, «margarita time». Tiene mucho éxito en su país de origen. Como buen emigrante, no paga impuestos en México, pues su sueldo proviene del extranjero. En sus redes sociales tiene un artículo con consejos de cómo utilizar el tiempo de manera efectiva para aprovechar el día y tener las noches libres.
Sigo sin dar en el clavo y navego por feeds entre consejos, fórmulas y quejas. Hay muchas sugerencias importantes que sirven para arreglar no solo mis problemas, sino también los del mundo entero. Sobre todo en Venezuela e Irán. El scrolling de cinco minutos se vuelve, en un par de horas.
Doy con una crítica que me cuesta trabajo comprender. El autor usa mucho la letra e en donde estoy acostumbrado a la letra a. Es un problema de la programación que adquirí al leer a Saramago, que era un necio conservador con eso del lenguaje. Escribo un par de líneas imitando este estilo. El texto queda, pero el ritmo se pierde. De nuevo navego por la web en busca de un nuevo consejo para adaptar las nuevas formas de la lengua inclusiva.
Soy una cabeza dura cuando se trata de la «supervivencia del más apto». Es posible por mi mala traducción de fit por apto en lugar de fuerte y agresivo. No lo sé, el internet está dividido en esto de las adaptaciones.
Encuentro un par de poemas y frases inspiradoras escritas por una española que dice ser feminista. Según entiendo, desea que haya equidad en el arte. Señala la discriminación de las editoriales que publican más a autores hombres que a mujeres y a personas de la comunidad LGBTQ+. Demanda que se deje de promover el patriarcado y que ya no se impriman más historias de espionaje, guerra, política y aventuras de hombres o que el protagonista sea masculino. Toda esta literatura promueve una cultura de hombres para hombres. «Estas editoriales deciden ignorar a las mujeres».
Para este momento ya olvidé los diez consejos que sirven para escribir como Italo Calvino. De cualquier manera, no tengo ninguna idea sobre qué escribir. Estoy en un atolladero, y según el médico, debo llevar mi día con calma.
Hay tantas tendencias que me siento abrumado y a la vez un tonto por no tomar uno cualquiera y escribir sobre este. Pienso en que debería dejar el celular boca abajo y despejar un poco la mente. Quizás con un par de capítulos de una serie que tengo pendiente de ver en Netflix. No lo quiero hacer. La última vez que me senté a ver “dos capítulos” vi una temporada completa.
Tengo que confiar en los expertos y los consejos de estos afamados articulistas si deseo terminar con la transcripción de mi novela. Tienen razón, mi administración del tiempo es un desastre. Sé que no es el mayor de mis problemas. El mayor es posible no contar con tareas no negociables. Estoy seguro de que, al tenerlas, la gente de mi alrededor conspirará para que cumpla con mis metas.
