Escritura Creativa.

Escritura Creativa.

La única manera de escribir un guion de cine, una novela o un post en Twitter es escribiendo. Así de sencillo. Muchos somos los que nos pasamos caminando por las calles y visitando cafés en busca de inspiración sin nunca escribir una solo palabra. Es lo normal cuando no sabes por donde comenzar.


Y todo comienza con una idea, ellas aparecen en cualquier momento sin avisar, siempre hay que tener, una pluma o lápiz, un papel o libreta listos para apuntar esas fugaces imágenes. Confiarlas a la memoria no es conveniente, por lo general se pierden, ¿por qué confiar en la cabeza cuando lo único que ella quiere es crear atajos? Lo último que quiere una mente sana y útil, es almacenar información.
Más sencillo es sacar ese pedazo de papel y escribir; así comienza el tejido de la telaraña de ideas.

Siguiente paso, organizarla las ideas, ver que forma tienen, descifrar la geometría en ellas.

Stephen King es un escritor pantser, i. e. plasma las ideas como estas van apareciendo en su cabeza. Escribe come si fuera el lector. Yo no soy Stephen King, yo tengo que utilizar un sistema.

A diferencia de los escritores pantser, mi mente es un caos, en ella no se dibujan curvas, sino líneas, y tengo que descifrarlas, de lo contrario termino abrumado por estas antes de terminar la primera escena del primer capítulo.

Antes de escribir el primer párrafo.

Al escribir, uno se convierte en escritor. Tomemos como ejemplo a Morts que pasa horas visitando cafeterías, golpea teclas en su laptop, se hipnotiza con el sonido y ritmo que producen mientras da sorbos a su bebida. Todo parece ser que es un escritor, pero en realidad, está distraído mirando el timeline del Facebook, a la vez, chatea con sus amigos, platica la idea para su nueva novela. Morts lleva ya cuatro años escribiéndola, ¿cuál es el problema? Deja que el tiempo se le escurra de entre las manos, pensando y planeando, el inicio y el final de su historia. Colecciona y organiza imágenes de inspiración. Se compara, sueña y se critica, se está desgastando en lugar de escribir.
Sin embargo, Morts tiene una ventaja, su idea ha madurado en su cabeza, lo único que queda por hacer es, plasmarla en la hoja en blanco frente a ella.

Un mapa mental es una herramienta útil para organizar tu telaraña de conceptos. Al desahogarlos no juzgues cuáles son correctos y cuáles no. Para que el mapa mental funcione, la regla es apuntar todas las abstracciones que llegaron a tu cabeza. Incluso si crees, a primera vista, que no tienen relación con tu idea principal.

Cuando tu red de ideas está lista y las conexiones hechas, puedes, con mirada de pájaro, decidir que sobra y que falta.

El Esquema.

Vistos nuestros pensamientos fuera de la cabeza, escritos en una hoja de papel, puede resultar abrumador. La ansiedad comienza a hormiguear tus dedos y te empuja a escribir. Los haces porque temes que todo se esfume dentro de tu cabeza.

Paciencia, hay que pensar con claridad. El trabajo de escribir —para lograr un buen resultado— es 80 % planear, 20 % escribir.

Administra tu energía. Cuando comiences el bosquejo serás exigido en creatividad e inteligencia. Hacer bloques de tiempo programados en tu calendario es una excelente ayuda. Cuando nuestra mente trabaja a ritmos que no está acostumbrada, comienza a buscar distracciones en Instagram o historias de Facebook.

Disciplina a tu cuerpo a trabajar a la misma hora. Apaga notificaciones, celular, teléfono de casa (en caso de que alguien aún sepa dónde está el suyo). Por ejemplo, en mi caso, utilizo una computadora vieja que no tiene tarjeta de red, además, apago el celular y desconecto el teléfono de casa, solo para estar seguro, desconecto el wifi. Me pondría de mal humor conocer que el internet ha encontrado una nueva manera de hacerme llegar notificaciones.

Con el mapa mental a mano, separa tu historia por partes y capítulos, si no tienes idea de que estructura emplear, lo clásico es: tres actos con prólogo y epílogo.
Todos tenemos una voz interior –un grito en muchas personas–, que dice: “nosotros no somos del montón, somos distintos, ya las viejas fórmulas están muertas”. Sigue esta voz, si grita, con mayor razón aún. No conoceríamos los trabajos de E.E. Cummings, Walt Whitman, Juan Rulfo, Josef Von Stemberg y otros tantos si no hubieran roto las reglas al hacer caso a esa voz. Aunque tienes que reconocer cuando pasas el tiempo planeando y soñando en cómo romper reglas, entonces, no eres un rebelde, eres un necio que no sabes cómo comenzar.

Imagina como se conecta cada párrafo en cada escena, y esta, con cada capítulo. Haz un resumen general de cada una de sus partes. 10 a 15 líneas cuando máximo, no necesitas agotar tu cabeza en este paso, ya más adelante te enfrentarás a las hojas en blanco donde vaciarás todas las palabras, adjetivos y acciones. Si a tu mente llega una idea, frase o situación específica, inclúyela en el resumen como una nota o apuntala en una libreta aparte.

El proceso hasta ahora no debe de ser forzado, si lo haces, acabarás agotado tanto física, como mentalmente, odiando tu historia. Cada proceso necesita su tiempo, recuerda que tiempo y espacio se entrelazan.

Con el esquema general de la historia listo, da una última vista general. Repasa la estructura una y otra vez, piensa en los personajes, en las situaciones. Utiliza tu pensamiento crítico, confirma que estás diciendo lo que deseas decir; hazte la pregunta, ¿qué pasaría si esto en lugar de esto otro? Una y otra vez, imagina las escenas en tu cabeza, sus conexiones entre ellas. Hazlo hasta que logres tener toda tu historia, de principio a fin y té sea coherente con lo que deseas comunicar.

Además del esquema necesitas hacer biografías de tus personajes, al menos de los principales. Entre más completas mejor, no todo lo que apuntas en estas va a aparecer en el papel, lo cierto es que te van a ayudar a crear el movimiento de la narrativa.ç

El fin de este trabajo es liberar a la mente para que, en lugar de esforzarse por excavar en los surcos de la memoria, se dedique a construir oraciones; entre en un flujo de escritura más rápido.

Escritura.

Ya sea por la mañana, tarde, noche o de madrugada, la hora que escojas, está bien. Toma todo con calma, disfruta del viaje. En el proceso de escritura vas a estar dentro de un caos de ideas, vas a vivir entre: fiestas, conversaciones, suspenso, crimen, drama…
Lo único necesario para escribir es, pluma, papel; tu imaginación y tus notas, el resto son lujos o pretextos para no trabajar, y si son estos tan relevantes que te impiden iniciar la escritura, detén todo y dedícate a otra cosa, lo tuyo, no será escribir.

Primer borrador.

Volvamos a Morts. A la hora de escribir, siempre busca el lugar ideal, un bosque apartado en medio de la nada o una playa solitaria del pacífico. Desea tener la taza perfecta con té humeante y el playlist —con una selección depurada en las últimas tres semanas, justo para este momento—. Luego, busca pretextos: La playa no es tan solitaria; hay vientos fuertes y mosquitos; el bosque apartado no tiene luz suficiente y cree que un oso la acosa; a la playlist le faltó la canción esencial; el té dejo de humear… quizás es mejor el café; pensándolo bien, es mejor utilizar una laptop…

Un escritor, escribe donde puede y le acomode.

Coloca una imagen impresa que diga “no se aceptan críticos”, para recordar a tu crítico interior irse de vacaciones. No creas las leyendas urbanas de músicos, escritores, pintores y demás, que dicen haber producido sus obras maestras en una sentada. El trabajo del artista es de esfuerzo, paciencia y de presentarse diario a trabajar.
Escribe tu primer borrador sin mirar atrás, puedes, si así lo deseas, editar en las tardes después de un día de trabajo, los fines de semana o hasta terminarlo, no importa cuando lo hagas, siempre y cuando lo hayas planeado con antelación. No lo olvides, llevar una rutina es la clave.

Cuando hayas colocado las últimas palabras de tu primer borrador, al fin has logrado tu primer trabajo como escritor. Es bueno celebrar, descansar si lo consideras necesario; aún falta camino que recorrer.

Regla de oro del primer borrador es: nunca lo muestres; no te deshagas de este, guárdalo en algún lugar, en donde nadie, en toda tu vida, lo vaya a encontrar. ¿Por qué guardarlo? Porque sirve para los siguientes borradores y es parte de la evolución del trabajo final. Es mejor guardarlo que lamentar haberlo tirado.

Segundo borrador.

La etapa de las correcciones. La idea de editar es de lo general a lo particular o viceversa, ambas estrategias son buenas. La que escojas y te acomode es la correcta. Ritmo y hábito son importantes.
El proceso, que en lo particular prefiero, es ir en calma, esto es, de lo general a lo particular. Aquí es donde reviso si la historia funciona de la manera en que la planeé.
Una parte fundamental es poner atención a la estructura y recuerda, mientras verificas, corrige ortografía —consulta una palabra si tienes dudas sobre ella—. Es momento de decidir que sobra y que se necesita afinar, quizás tengas que regresar al esquema y repensar las cosas. Si algo huele mal, es porque algo está podrido.

El segundo borrador también deberá de quedar escondido en tus archivos personales. Pero puedes escoger alguno(os) capítulo(s) o escena(s) para mostrar enteros y obtener información y crítica. Eso es a criterio personal.

Tercer borrador.

Simplificación. La etapa es para corregir más a detalle, continúas comprobando ortografía y errores de dedo. Por algún motivo estos nunca desaparecen, he visto algunas primeras ediciones que tienen errores ortográficos; esto es comprensible cuando sabes que una novela, en promedio, tiene entre 60,000 y 80,000 palabras.

Aquí defines ritmo, coherencia, que los diálogos sean los correctos, las transiciones estén bien definidas. Esto lo puedes repartir para recibir comentarios generales, y en caso de que lo consideres, hacer cambios y anexar ideas. Sé un voraz editor, si tienes que rescribir toda una escena, hazlo, si tienes que quitarla, quítala. Un buen escritor es el que aprende a editar sin remordimientos su trabajo.

Ten cuidado a quién le entregas tu escrito, todas las personas han pensado en escribir un libro en alguna etapa de su vida (siembra un árbol, ten un hijo, escribe un libro). Tienen miles de razones por las cuales no lo han hecho y lo más probable es que nunca lo hagan. Por eso, al leer el trabajo de otros, proyectan con su crítica, las ideas y conceptos que ellos no han tenido el valor de imprimir. De ahí que todos seamos críticos en vías de desarrollo.
Lo que dicen, critican e intentan aportar, es importante y útil. Hay que aprender a escuchar con respeto y en silencio, primero, porque leyeron algo tuyo que quizás no es ni cerca de ser entretenido y segundo, dan otra perspectiva, entre todo lo que dicen hay mucho que te puede ayudar para mejorar tu historia.

Morts, las pocas hojas que logró escribir, influenciada por los trabajos de E.E. Cummings y Saramago, las compuso con una prosa sin sentido, aburrida, sin pies ni cabeza, pero interesante. Su respuesta para defender su estilo de escritura era siempre la misma, “Tú no sabes nada sobre literatura, eres un ignorante”; mi favorita, “quiero romper con las reglas establecidas por una sociedad indiferente e ignorante”, ambos argumentos buenos, pero faltos de razón y la lógica.

Cuarto borrador.

La disección, revisión de cada detalle, buscar los adjetivos correctos, analizar que sobra y que falta, evaluar cada transición.

La regla es, muestra de una manera simple cada escena.
El trabajo está casi terminado y falta un empuje final. Escribir, no importa que tan corta sea tu historia, es un maratón, no un sprint.

Una frase que coloco cerca de mi teclado al estar en esta etapa es “el diablo está en los detalles”, esto me sirve para pensar dos veces en aquello que deseo quitar o dejar.

Quinto borrador.

La edición final. Lee tu historia en voz alta para ti.
Después de hacer la lectura, solo para tus oídos, y si aún no lo has hecho, involucra a todo aquel que creas que te puede ayudar.

El quinto borrador es tú apuesta final. Repasa los textos e incluye las últimas observaciones. Al final, es este el que comenzarás a repartir a editores, agentes literarios o enviar a concursos de escritura.

Una nota final de este proceso, ten cuidado en procrastinar planeando y corrigiendo. No aplaces —sin una razón lógica—, las fechas que té has impuesto. Recuerda que tiempo y espacio van entrelazados.

Escribir es un trabajo, es una acción romántica, como todas las artes lo son, pero al igual que cualquier otro trabajo, requiere esfuerzo para lograr un resultado final que nos dé satisfacción —todo depende de que tanto nos exijamos—. Escritores, escultores, cineastas, músicos, arquitectos, pintores… y cualquier otra profesión, necesita concentración. Se necesita despertar cada mañana y encontrar la motivación para trabajar; no guardes tu obra por miedo a la crítica, al contrario, muéstrala. Somos más de siete mil millones de personas en el mundo y estoy seguro, de que tu trabajo, encontrará lectores. Pero la única manera de saberlo es publicando, mostrando y promocionando.

Existe una imagen del artista muerto de hambre, imagen esparcida por personas ignorantes, por personas que no saben apreciar el proceso creativo. Para ellos ser creativo es un pasatiempo, más cuando se utiliza para crear entretenimiento, pues, carecen de una mente reflexiva. La realidad es otra. Como artista debemos de reivindicar esta imagen generalizada, no a través de protestas o discusiones vacías y banales, sino a través de nuestro trabajo, con nuestro arte.


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