Un día tiene 86 400 segundos, invierte en la incertidumbre para aprovechar cada segundo.

Un simple momento del día está lleno de miles de decisiones. Un puñado de estas son necesarias y obligadas para dar continuidad a nuestro camino y no detenernos. Otras, solamente son un ruido ensordecedor que nos impide pensar con claridad y ver con perspectivas distintas el camino que tenemos por delante; nos detienen.
El ruido de la mente desorganizada, no es similar al ruido cadencioso de un mar en calma. Son olas gigantes, provocadas por una tormenta de problemas postergados para el último segundo.
Cuando trabajamos en un proyecto, deseamos mantener nuestra mente en silencio y enfocada. Por sorprendente que parezca, hay quienes en la cabeza, sólo existen el eco de conversaciones manidas. Nada les causa conflicto. Evitan a toda costa hacerse preguntas; en su lugar, escupen afirmaciones para evitar el movimiento. Su meta en la vida es estar inmóviles. Estos maestros del escapismo, se refugian en sus pequeñas pantallas digitales para estar en OFF. Entre más planas, mejor.
Es bueno aletargar un momento abrumador
Cada número tiene su contraparte negativa; cada decisión está entrelazada a una indecisión. Por esto necesitamos de un tiempo para calcular las probabilidades y consecuencias que darán como resultado nuestras decisiones. La mente activa no deja de reflexionar. Debe detenerse para reconocer qué decisiones son importantes y cuáles no. A la vez, debe de aceptar que está bajo su control, y que no lo está.
La experiencia y la creatividad son guías que ayudan a resolver estos conflictos de la mente. Pero las ideas son unas salvajes que corren y saltan de un lado a otro; nos ignoran. Prefieren la libertad que les da el mundo de los sueños.
Una gran parte de nuestra historia, sucedió en busca de métodos para domarlas y convivir con ellas. La meditación es una de las más comunes —rezos religiosos, la calma budista—. En silencio, podemos dar una amplia perspectiva y espacio a la mente para decidir el camino a seguir
La contemplación es otra herramienta que ayuda a nuestra mente para tomar decisiones favorables. Para ello, tenemos que estar claros con el objetivo que nos propongamos.
Disciplina y paciencia son las herramientas esenciales para contemplar. Los buenos hábitos (es un error clasificar estos desde un punto moral o ético, en cambio, se deben de clasificar si sirven o no para los propósitos) son los que ayuden a la consciencia a observar tranquilamente a las ideas: ladrar y saltar ansiosamente frente a él, a la espera de que se agoten.
La meditación y la contemplación son músculos que se ejercitan con el hábito. El entrenamiento comienza con tareas de poco esfuerzo y de tiempo indeterminado. Pero es sólo el comienzo. Tenemos que ser ambiciosos y aumentar los retos. Cuando nos sentimos cómodos con pequeñas tareas que a la larga se vuelven sencillas de hacer y dan resultados aceptables e inmediatos, tendemos a conformarnos y estancarnos. Esto limita nuestra capacidad de la total concentración de la mente. Sepamos que existe una brecha diferencial entre estar satisfechos y ser conformistas.
Alguien que está satisfecho tiene claro de lo que quiere de la vida y mantiene un balance de sus logros. No necesita tener un almacén lleno de cosas que alimenten la ilusión de una vida de certeza. No desperdicia ni acumula. Tiene las posesiones necesarias para ser libre. Un conformista no sabe lo que quiere de la vida. Es esclavo de acumuladores insensibles y de sus productos. Carece de ambición propia. Desconoce cómo ser libre. Es fácil de engañar con costumbres, teorías de conspiración, símbolos, dogmas y otras suertes que inventan los avaros y estúpidos con poder.
Destino incierto
Al limitar a la mente de su capacidad total, se impide el encuentro y producción de ideas originales, útiles para navegar en el mar de decisiones. En raras ocasiones la buena fortuna cruza frente a uno la oportunidad para ejercitar a la mente, pero la tarea, el ejercicio, es complicado si no se tiene la paciencia y la disciplina. Lo complicado es, para los cobardes, una roca amarrada al cuello. Para los valientes, una aventura.
La inversión no es proporcional con el resultado. Todo es un sueño. Un camino por recorrer con destino incierto.
Cuando estamos en la búsqueda de una idea original, no debemos dejarnos engañar. Con fortaleza, debemos abrazar a la incertidumbre y seguir el camino; nuestra única recompensa es sentirnos bien con nosotros mismos. Creamos en los instintos, en el sentido común.
Las voces salvajes de nuestra mente existen porque desean el equilibrio con su medioambiente. Presionan y gritan en el desequilibrio que existe en el ecosistema. Nosotros, sin saber cómo convivir con la incertidumbre, las callamos. Siempre es mejor que crear.
Inició del viaje
Al inicio, nuestro navío zarpa del puerto sobre un mar de indecisiones. Se enfrenta a olas gigantes que intentan hundirnos. Debemos enfocarnos en la travesía para encontrar un balance y ya con un mar tranquilo navegar al puerto de las ideas originales.
Cuando se planea antes de zarpar, con una ingeniería de paso a paso, llegamos a nuestra meta: al final del día, de la semana, del mes, del año y de nuestras vidas.
El plan se puede corregir, pero evitemos terminar en una isla calmada sin retos y aventuras. El estancamiento es antinatural. Aun de cadáver, a un nivel microscópico, todo se mueve y desarrolla.
Si lo miramos bien, de los 86 400 segundos del día, son pocos los que utilizamos en tomar decisiones conscientes. Encontrar la decisión correcta es incómodo, no obstante no debemos temer a la aventura de la vida. El caos de las incertidumbres es donde se esconde la creación. Entre más caos, más originalidad.
Navegar en un mar sin olas, sí permite a la contemplación y ser consciente de los alrededores, pero también nos lleva al conformismo.
Pocas personas escriben en el mundo y pocos son los que leen y de estos, pocos son los interesados en pensar lo que leen.
Si imitas el sistema de otro y adaptas tu vida para cumplir reglas y hábitos de otros, estás coartando a tu imaginación. Te estás arrebatando la oportunidad de vivir a través de la experimentación y el aprendizaje.
Prueba, equivócate y vuelve a comenzar. Existen tantas decisiones como rutas, prueba cada una de ellas hasta encontrar la correcta para ti.
Siempre habrá tiempo para probar una distinta ruta y siempre podrás cambiar de rumbo.
