{"id":1634,"date":"2025-11-08T13:26:51","date_gmt":"2025-11-08T19:26:51","guid":{"rendered":"https:\/\/www.salvaje.live\/?p=1634"},"modified":"2025-11-08T13:27:02","modified_gmt":"2025-11-08T19:27:02","slug":"sensual-y-salvaje-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.salvaje.live\/en\/escritura-creativa\/sensual-y-salvaje-2\/","title":{"rendered":"Sensual y salvaje"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">El fin de semana, falto de ideas, busqu\u00e9 notas en viejas libretas. En una de las que escrib\u00eda en mis viajes por el metro de la Ciudad de M\u00e9xico, m\u00e1s que ideas, describ\u00eda esas caras de miradas sombr\u00edas que viajan por los t\u00faneles debajo del concreto de la Ciudad de M\u00e9xico. Eran apuntes de finales del siglo XX e inicios del XXI. Aun las personas no andaban agachadas con los ojos clavados en las pantallas de cristal. Tampoco llegaba la se\u00f1al de las estaciones de radio. Algunos le\u00edan libros \u2014eran pocos\u2014; la gran mayor\u00eda miraba por las ventanas el paisaje de muros grises mezclados con el reflejo de sus rostros en los cristales del vag\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La mayor\u00eda de las notas eran garabatos sin contexto. Hab\u00eda apuntes de pendientes por hacer, dibujos de caras, flores y \u00e1rboles, pelones. Una nota que por alg\u00fan motivo enmarqu\u00e9 y subray\u00e9 en la hoja sobresali\u00f3 de una de las p\u00e1ginas. Dec\u00eda \u00absensual y salvaje\u00bb. Por m\u00e1s que escarb\u00e9, no recuerdo exactamente por qu\u00e9 escrib\u00ed esas palabras. Lo poco que recuerdo es que se refer\u00edan al estilo de cine que deseaba producir. Entonces iniciaba con mis estudios en cinematograf\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">S\u00e9 que a eso me refer\u00eda, porque a la fecha es lo que busco al escribir. Pienso que para quienes se dedican al arte, pensar demasiado es un error. Era como esos viajes en el metro. Planeaba mi ruta, pero al descender al subsuelo, dejaba de pensar. Como el resto de los pasajeros, me dejaba llevar por los corredores mientras la mente divagaba sin gu\u00eda. Se abr\u00edan las puertas de los trenes, encontraba un espacio \u2014cuando no eran las horas de m\u00e1s afluencia\u2014 y libraba a la mente para divagar hasta llegar a mi parada final.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mis recorridos de un punto a otro duraban aproximadamente entre 30 y 45 minutos; as\u00ed lo apunt\u00e9 en una nota en la que con fantas\u00edas organizaba los tiempos del d\u00eda. Durante los trayectos se me ocurr\u00edan historias de todo tipo. Saltaba de un g\u00e9nero a otro y aparec\u00edan palabras que apuntaban de inmediato. En esas notas ten\u00eda respuestas a todas las situaciones que suced\u00edan en las historias que imaginaba. No hab\u00eda ninguna l\u00f3gica ni razonamiento en c\u00f3mo se entrelazaba todo; la vida de mis personajes simplemente ocurr\u00eda. Sin filtros, sincera, mi alma me calmaba en el averno mientras la superficie viv\u00eda su rutina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ah\u00ed, debajo del concreto, el tiempo no importaba. Es un mundo con sus propias reglas y rutinas, donde las palabras brotan sin pensarlo mucho; esas que nos sorprenden mientras escribimos o so\u00f1amos, llevan a una verdad que ninguna t\u00e9cnica puede fabricar. Son imperfectas, s\u00ed. A veces ca\u00f3ticas. Pero palpitan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los a\u00f1os sesenta, cuando se plane\u00f3 el metro de la ciudad, el gobierno ten\u00eda la fantas\u00eda de que cada administraci\u00f3n construyera nuevas estaciones por un periodo de 40 a\u00f1os. Ten\u00edamos la ilusi\u00f3n de crear una extensa red subterr\u00e1nea en la que los pasajeros pudieran encontrar estaciones para su abordaje cada cinco cuadras; en algunas rutas hasta ocho cuadras. Como cualquier fantas\u00eda de un pa\u00eds del tercer mundo, qued\u00f3 inconclusa. Lo cual obliga en muchas rutas a tener que caminar bastantes cuadras o tomar otro servicio de transporte para acceder al metro. Este era mi caso. Cada viaje, antes de bajar a los infiernos de la urbe, caminaba con una energ\u00eda. En autom\u00e1tico, al momento en que los torniquetes se tragaban el boleto para darme paso, mi energ\u00eda cambiaba a neutro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un pasajero fortuito, en lugar de dejarse llevar por la sensualidad de su instinto, intenta razonar en un mundo anormal. Por una cuesti\u00f3n de fe o creencia en que los engranes del subsuelo funcionan igual a los de la superficie, camina por los pasillos hasta los \u00faltimos vagones. Va con la esperanza de encontrar menos pasajeros y apa\u00f1ar un lugar. Tambi\u00e9n lo cre\u00eda cuando viajaba acompa\u00f1ado y, con el deseo de mostrar mi destreza, daba un an\u00e1lisis del movimiento y llevaba a mis acompa\u00f1antes inexpertos por mejores rutas. Pero despu\u00e9s de a\u00f1os de ser uno, m\u00e1s de los 4 millones de personas que usan el servicio, aprend\u00ed que no hay una ruta correcta. Lo mejor es confiar en el instinto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Viajar en el metro es igual que escribir de forma sensual y salvaje. No es por falta de disciplina. Es una disciplina distinta: la de confiar. La primera imagen mental es m\u00e1s honesta que la tercera visi\u00f3n editada. Es el deseo que sientes al escribir cuando lo haces como si fueras t\u00fa mismo el lector. Es confiar en que la incomodidad de que lo crudo es precisamente lo que hace a una novela meterse bajo la piel. Cuando escribo sin pensar demasiado, mi cuerpo escribe tanto como mi mente. Los dedos se mueven r\u00e1pido, la respiraci\u00f3n cambia, siento el ardor de las escenas. Eso no se puede planificar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero ese engranaje no funciona en la l\u00f3gica del mundo. Es la trampa de la perfecci\u00f3n. Mis mejores viajes en metro fueron los que viaj\u00e9 arrastrado por la corriente del gent\u00edo. Lo recuerdo porque fueron los viajes que me descolocaron. Eran viajes que ten\u00edan un p\u00e1rrafo que no deber\u00eda estar ah\u00ed, pero me parti\u00f3 en dos. Fue la met\u00e1fora que no entend\u00eda en mi cabeza; sin embargo, golpeaba a mis entra\u00f1as. Eso quiero lograr cuando escribo. Vaciarme al ritmo de las ideas sin procesar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Son lejanos esos d\u00edas de metro. Dej\u00e9 de viajar en el servicio cuando abandonaron por completo su mantenimiento. Disfruto de la incertidumbre de la vida. Sin embargo, no me gusta que la corrupci\u00f3n del Estado sume a mi vida un riesgo de muerte. Pero extra\u00f1o esos viajes llenos de experiencias que alimentaron tantas ideas. Me ense\u00f1aron a no tener miedo de equivocarme; en cualquier momento pod\u00eda cambiar de ruta: regresar, corregir o esperar a que el instinto volviera a dominar el paseo. Todos mis sentidos estaban despiertos; todo era tan salvaje, ca\u00f3tico, incierto que, a pesar de recorrer la misma ruta, cada viaje era distinto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No necesito de mis notas para recordar que en alg\u00fan momento me enamor\u00e9 de una pasajera. De los d\u00edas en que s\u00f3lo contaba con mi boleto del metro y, sin dinero, ten\u00eda que regresar a salvo al hogar. Eran momentos ba\u00f1ados de olor y ruidos que no lograban distraerme de las ideas en mi cabeza. Esa sensualidad influ\u00eda en mi alma e inconsciente; mezclaba las historias en mi cabeza sin ninguna l\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esos viajes, sensuales y salvajes, son a los que deseo llegar cuando escribo. Quiero que las palabras fluyan sin filtro, sentir su irrigaci\u00f3n a trav\u00e9s de las venas de mis brazos hasta las llamas de mis dedos. Escribir hasta el \u00faltimo aliento. Luego, editar para limpiar las muletillas que salen de la pausa en que pienso. Pero no antes de haber dejado que el alma diga lo que vino a decir. <\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La mayor\u00eda de las notas eran garabatos sin contexto. 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