{"id":1498,"date":"2025-10-04T11:24:57","date_gmt":"2025-10-04T17:24:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.salvaje.live\/?p=1498"},"modified":"2025-10-04T11:25:08","modified_gmt":"2025-10-04T17:25:08","slug":"productividad-nula-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.salvaje.live\/en\/que-sais-je\/productividad-nula-2\/","title":{"rendered":"Productividad nula"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"wp-block-heading\">La lagartija que se ba\u00f1a de sol sobre el corcho<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando estoy agotado miro a las ventanas. No a trav\u00e9s, ya que est\u00e1n cubiertas por pizarrones o fotos de personalidades y textos. Tambi\u00e9n los cubre por fuera una malla para sombra, pues el sol les da directo despu\u00e9s del mediod\u00eda y hasta el inicio del ocaso. Por los espacios de los marcos de las ventanas que abren, entran unas chismosas lagartijas que se mueven entre los cuadros y las hojas impresas. Pienso en Escher mientras las miro pegadas a la pared, nerviosas, desapareciendo y apareciendo, por detr\u00e1s de las fotograf\u00edas.<\/p>\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre todo lo que est\u00e1 recargado a las ventanas, hay un pizarr\u00f3n de corcho que us\u00e9 para aplicar la Matrix de Eisenhower y organizar mis tareas y objetivos del d\u00eda. Ahora el corcho sirve s\u00f3lo como un obst\u00e1culo que impide a los rayos del sol sobrecalentar el monitor de la computadora. El otro d\u00eda, cuando mi cabeza divag\u00f3 en ideas, vi a una alegre lagartija colocarse a tomar el sol en el marco del pizarr\u00f3n sobre las letras de urgente. Con la mente en blanco la mir\u00e9 un buen rato, no s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo exactamente, disfrutar del calor y la tranquilidad. Nada parec\u00eda ser m\u00e1s importante para ella. Luego del cese de actividades regres\u00e9 a las hojas y tinta.<\/p>\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue por la noche, cuando el d\u00eda se acercaba a su fin, tranquilo en la mesa de trabajo que record\u00e9 a la lagartija. Ese d\u00eda, en particular, no hab\u00eda escrito mucho; anduve distra\u00eddo y desganado. Hice un c\u00e1lculo aproximado de las palabras escritas; era bajo. En la semana tampoco escrib\u00ed mucho de mi novela. Ten\u00eda muchas anotaciones e ideas aqu\u00ed y all\u00e1. Lo molesto era la sensaci\u00f3n de no haber hecho mucho. Recapitul\u00e9 mi d\u00eda para recordar en d\u00f3nde perd\u00ed el tiempo. De inmediato me molest\u00e9. \u00a1Tiempo perdido! \u00bfDe d\u00f3nde ven\u00eda esa idea? Mi trabajo no se puede medir con una meta tan espec\u00edfica como la cantidad de palabras que escribo al d\u00eda. Menos por las horas que le dedico a \u00e9sta. El oficio depende mucho del an\u00e1lisis y de jugar con las historias y temas en mi cabeza sin siquiera escribir una sola palabra por horas.<\/p>\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A veces me quedo frente a la hoja en blanco, sin nada en la cabeza, vac\u00edo de todo, sin palabras, sin motivaci\u00f3n alguna. Pas\u00f3 mucho tiempo, a\u00f1os, de limpieza a mi sistema operativo, de ese virus, de la productividad con el que se me program\u00f3. Esa infamia de contabilizar las horas que pasaba laborando con la que se me manipulaba para sentirme con derecho para disfrutar de mi tiempo libre. De lo contrario, me sent\u00eda culpable por pasar un buen rato con mi familia, amigos o tirado al sol. Hab\u00eda una voz en la parte trasera de mi cabeza que reclamaba sobre la manera en que desperdiciaba el tiempo, y a la vez, mi vida. La imagen era la de un compa\u00f1ero de trabajo que, mientras me rascaba la panza, \u00e9l cumpl\u00eda con sus tareas.<\/p>\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La escena me deprim\u00eda a\u00fan m\u00e1s al ver a mi rededor a las personas revisando correos electr\u00f3nicos o leyendo en sus celulares, tabletas y <em>laptops<\/em>. Pensaba en que todos ten\u00edan algo <strong>importante<\/strong> que hacer menos yo. Las lamentaciones iban y ven\u00edan; no eran constantes. Atacaban por el recuerdo de una voz del pasado que insist\u00eda en se\u00f1alar que mi pobre desempe\u00f1o en la escuela se deb\u00eda a que perd\u00eda el tiempo en otras cosas en lugar de estudiar. Profetizaba como un or\u00e1culo griego sobre mi futuro sin esperanza, viviendo de la caridad; en la vagancia total. La estampa del miserable en situaci\u00f3n de calle era dram\u00e1tica, ah\u00ed radicaba el principal problema. Mi cabeza tiende al melodrama, y en ese tiempo, las personas que me aconsejaban, lo hac\u00edan con la mejor de las intenciones y cari\u00f1o y amor. Ignoraban que dentro despertaban tormentosas torturas autoinfligidas.<\/p>\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Toda esta depresi\u00f3n desinfla cualquier cabeza de la misma forma que un amargado vecino lo hace con las pelotas que llegan a su patio. Sin motivaci\u00f3n, perdemos claridad en el trabajo que ponemos sobre nuestras manos. Lo cual a su vez nos hace mirar por las ventanas durante largas horas, poniendo nuestra atenci\u00f3n en cualquier cosa que nos vac\u00ede a la conciencia de realidad. El invento del internet vino a profundizar esas debilidades del enfoque. La satisfacci\u00f3n de la tarea completa perdi\u00f3 sentido; ahora lleva la condecoraci\u00f3n de logro personal. Aunque esto beneficie, en lo general, a un extra\u00f1o conocido, amigo y confidente por el contrato wifi. Es el nuevo c\u00edrculo de la vida: culpa-trabajo-m\u00e1s culpa. La enfermedad actual, la del rendimiento.<\/p>\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es una risa lo que parece hacer la lagartija sobre el marco del pizarr\u00f3n. R\u00ede de la promesa vac\u00eda del rendimiento. Repite, a la vez que los rayos del sol golpean su lomo, produce para que tengas un futuro feliz. Trabaja hoy sin descansos; ma\u00f1ana podr\u00e1s divertirte y dormir sin culpa. Esto me recuerda una frase suspendida en la atm\u00f3sfera de la casa de mis padres: hay que sufrir para merecer. Y, aunque ahora lo veo, el sacrificio de sus sue\u00f1os les dej\u00f3 una vida en el ocaso de sus a\u00f1os de cierta seguridad econ\u00f3mica. Pero de vez en cuando miro en lo profundo de sus ojos para saber si vali\u00f3 la pena toda esa renuncia y lo que descubro es un balance entre el cumplimiento y la frustraci\u00f3n. Despu\u00e9s de eso hay pausas largas de silencio hasta que se interrumpen por conversaciones banales espolvoreadas de se\u00f1alamientos y quejas.<\/p>\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es la falacia fundamental: productividad igual a dinero. Ah\u00ed en la pared y en el monitor un reloj me atormenta. Yo mismo lo escog\u00ed y lo compr\u00e9 y siento que lo hice por un impulso escondido en el mantra: cada minuto cuenta. A la lagartija no parece importarle nada de esto en que pienso mientras cruzamos miradas. Parece alegre y satisfecha, \u00bfcu\u00e1les habr\u00e1n sido sus tareas cumplidas? En cambio, aqu\u00ed estoy escupiendo tinta sin que mucho de lo que pongo en el papel tenga sentido. El problema es que pienso mucho, el ego, vanidoso y narciso, se interpone entre la pluma y el papel.<\/p>\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfA d\u00f3nde se va la vida cuando pensamos tanto en el tiempo y su aprovechamiento? Hay quien presume que encontr\u00f3 un balance y, a pesar de la sonrisa en su Instagram y Facebook, creo que algo oculta. A lo mejor, pospuso un sue\u00f1o para alimentar una fuente de promesas futuras. Le da su tiempo a los sue\u00f1os del extra\u00f1o para reducir los propios; al hacerlos m\u00e1s peque\u00f1os, crea un vac\u00edo que se llena con viajes y adquisiciones.  Pero toda esa suposici\u00f3n a nadie importa, porque a nadie sirve. A menos que alimente a la promesa del futuro feliz.<\/p>\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La promesa vac\u00eda y seductora que nos alimenta los sue\u00f1os de un futuro seguro, dentro de un universo incierto. Es el combustible que intensifica el fuego de la vida. \u00bfQu\u00e9 tan en lo correcto est\u00e9 la lagartija que, sobre lo urgente, no queda m\u00e1s que hacer que tirarse al sol?<\/p>\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al pensar en lo urgente, se me ocurre cualquier cosa que puedo hacer en menos de un minuto. Fuera de ese par\u00e1metro no creo que nada sea urgente, o, si presume serlo, no es importante. Es una de las premisas de Eisenhower. No podemos andar por ah\u00ed se\u00f1alando cualquier pendiente como urgente y crucial. Lo \u00fanico que uno consigue es el colapso creativo, m\u00e1s cuando medimos la productividad con operaciones aritm\u00e9ticas. \u00bfCu\u00e1nto haces al d\u00eda? \u00bfCu\u00e1nto lees al a\u00f1o? Estas preguntas valen cuando hablamos de la producci\u00f3n en serie de una cosa. \u00bfCu\u00e1ntas veces aprietas el bot\u00f3n al d\u00eda? Nuestra vida est\u00e1 llena de patrones y bucles de autoreferencia que limita, si no es que extingue, a la creatividad y la posibilidad de conocerse a s\u00ed mismo al hacer una acci\u00f3n de manera mec\u00e1nica.<\/p>\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El internet en un principio nos uni\u00f3. Termin\u00f3 creando una nueva filosof\u00eda de productividad, en la que se obtiene una ganancia con lar validez y reconocimiento. Los aplausos digitales, <em>likes<\/em> y las caritas con ojos de coraz\u00f3n estandarizan y optimizan la rapidez con que se entrega contenido. Nuestra forma de evaluar la calidad ya no es sensorial, a menos que el wifi encuentre la forma de que podamos mostrar nuestra m\u00e1s sincera y aut\u00e9ntica emoci\u00f3n al leer o ver algo que en realidad nos conmueve. Hasta ahora, lo \u00fanico que tenemos a la mano, es la oferta de los emojis y corazones y aplausos que cada exposici\u00f3n ofrece para que podamos calificar y compartir nuestra emoci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta nueva productividad me hace envidiar la vida lujosa de la lagartija que tiene tiempo para contemplar la profundidad de la vida. O, para dejarse ba\u00f1ar por el sol sin pensar en nada. A la mano tiene comida y las piedras del muro, que est\u00e1 frente a ella, ofrecen un buen refugio en caso de que sea arrojada de su actual alojamiento.<\/p>\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es la revoluci\u00f3n que se avecina, la de la contemplaci\u00f3n que insiste en lentitud y profundidad. La que ofrece al p\u00fablico un arte que se toma su tiempo para existir, sin prisas. A un p\u00fablico que quiere analizar y gozar de la vida. Una lucha por derrocar a un sistema glot\u00f3n de velocidad y volumen. Lleno de s\u00edntesis y aplicaciones que resumen en tres, cinco y diez puntos el trabajo y la vida de las personas y sus obras. Pero el revolucionario moderno vivir\u00e1 en el anonimato. En un espacio donde su persona no sirva de etiqueta para explicar y clasificar su trabajo.<\/p>\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La rebeli\u00f3n de los vagabundos, ser\u00eda un buen nombre para este movimiento. Ya que el mundo se construye alrededor de la marcha que ordena el reloj. Para existir y tener el derecho de un pedazo de tiempo en el espacio es necesario producir. Y, la contemplaci\u00f3n productiva, s\u00f3lo se les permite a las lagartijas. Por ese espacio, sacrificamos una calidad de vida y la originalidad que, sin el tiempo, nadie sabr\u00e1 disfrutar, o comprender. Lo aut\u00e9ntico no se puede entender, ah\u00ed es donde la raz\u00f3n topa con las fronteras de la sensibilidad, a pesar de que los griegos digan lo contrario.<\/p>\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al ver que la promesa nunca se cumple. Al mirar a nuestras espaldas lo que abandonamos en el camino a cambio de un futuro feliz que siempre posterga su tiempo y espacio. El sacrificio en favor de una productividad que aliment\u00f3 falacias a cambio de nuestros infantiles sue\u00f1os, haremos cuentas finales.<\/p>\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiz\u00e1 estemos en balance, a la cabeza de una mesa en la que se muestran los frutos de nuestro trabajo y tengamos una sonrisa en nuestro rostro. Entonces escucharemos a nuestras conversaciones banales y reaccionaremos a \u00e9stas con quejas y se\u00f1alamientos. <\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La lagartija que se ba\u00f1a de sol sobre el corcho<\/p>","protected":false},"author":256,"featured_media":1497,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_crdt_document":"","activitypub_content_warning":"","activitypub_content_visibility":"","activitypub_max_image_attachments":3,"activitypub_interaction_policy_quote":"anyone","activitypub_status":"federated","footnotes":""},"categories":[4],"tags":[81,144,19,29],"class_list":["post-1498","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-que-sais-je","tag-contemplar","tag-escritor","tag-escritura","tag-tiempo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.salvaje.live\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1498","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.salvaje.live\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.salvaje.live\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.salvaje.live\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/256"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.salvaje.live\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1498"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.salvaje.live\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1498\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1499,"href":"https:\/\/www.salvaje.live\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1498\/revisions\/1499"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.salvaje.live\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1497"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.salvaje.live\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1498"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.salvaje.live\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1498"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.salvaje.live\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1498"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}