Sentarse a escribir

Dos conversaciones me recomendaban aplicaciones de la IA para escribir. La llegada a la idea surgió desde la incertidumbre: en ambas se temía que las nuevas tecnologías dejarían en desempleo a miles de seres humanos. Yo no me sentía con ganas de contradecir ninguno de los argumentos que se escupían como verdades absolutas. Para cambiar el hilo de la plática, hable de las dificultades que tiene el artista para crear.

Pero los interlocutores confundieron mis palabras con un pesar que me torturaba. Estos momentos son en los que pienso en la aniquilación de la especie. ¿De dónde salen las ideas del artista si no es del sufrimiento?

Seguro la IA viene primero a sustituir un montón de labores que hacemos mecánicamente. ¿Cuántos no lidiamos con un servicio de atención a clientes que responde según un guion? Ya quedaron atrás los años en que un ejecutivo de banco resolvía todas mis dudas acerca de mis cuentas. No hablemos de los políticos que, en lugar de resolver, esperan que los gobernados se las arreglen como puedan.

Pero hay casos, como los del escritor, en que la IA es una herramienta. Cuando me refiero al escritor, es aquel que tiene una idea, la mastica en la cabeza hasta quitarle el sabor y luego la desarrolla en el papel. Lo cual requiere del trabajo de los engranajes neuronales.

Por supuesto, las nuevas tecnologías alivian el trabajo de la máquina mental. Lo hacen, incluso de forma lacónica si uno aprende sobre prompts. Cualquier motor de búsqueda o de IA puede resumir la historia de Roma en 10 puntos clave. El turista moderno viaja en crucero o en clase económica a las ciudades históricas y playas hechas parques de diversiones. Esto será lo siguiente que sustituya la IA: la forma en que disfrutamos al ocio.

Lo que no va a sustituir es al artista que, como un lobo, no baja la cabeza para que lo acaricien. No agrede, no explica. Simplemente, no se agacha. Porque a lo largo de nuestra historia, a este salvaje la única manera en que lo han logrado domar es matándolo. Se ofrece como sacrificio para darlo como ejemplo de lo que sucede cuando te atreves.

Aunque todos los seres humanos en nuestra vida desplegamos la capacidad artística, solo los sinceros, los que alcanzan la autenticidad al rascar lo suficiente en su alma, son los que se mantienen firmes y necios en el camino.

Para estos, ninguna herramienta les va a quitar el desahogo que obtienen al escribir un soneto, una nota musical imperfecta, una linea de color sobre un lienzo blanco, un cincel en el mármol… Porque saben que su proceso trata de un sufrimiento interno que no busca aplausos externos. No sabe salir a las calles a protestar; protesta desde su obra.

El artista que no soporta sufrir y necesita de una validación para continuar anda detrás de esa bocanada de oxígeno que ofrece lo popular. Este vulgar va a encontrar un abrigo en las nuevas tecnologías. Para estos no es importante gestar una idea que confronte a su público. Crea para reclutar gente al club siempre y cuando se dirijan con los lineamientos del lenguaje inclusivo. Ahí donde todos piensan igual y nadie tiene el valor para ser rechazado es donde la IA la tiene fácil.

Lo que sucede es que el mundo es un infante caprichoso que no sabe qué es lo que quiere. Por ahora, cree que desea entretenimiento para escapar de su responsabilidad por lo que sucede a su alrededor. Generaliza mientras consume cosas que va a olvidar en el momento que aparezca otra novedosa. Algo así como la misma cosa, pero 2.0 con una suscripción para actualizaciones.

Por eso no me sorprende que las reglas de la autopublicación digan que está prohibido publicar más de tres libros en un día. Ya cualquiera puede alimentar un sistema para que escriba 3,000 o 75,000 palabras. Después, satisfecho por ser productivo, tirarse a scrollear en el Internet y leer sobre las fantasías que nos hacen sentir bien: democracia, libre expresión, socialismo, capitalismo, hambruna, cambio climático. Votos a favor o en contra. Todo mientras nos digan cómo masticarlo y nos salven de preguntarnos el porqué de las cosas. Es tan mecánico que el general moderno, con unos cuantos teclazos a la máquina, sabe qué objetivos destruir, con niños y todo incluido.

Pero es mejor agachar la cabeza porque la otra opción es morir. O parecer muerto. Porque si queremos sobrevivir, tenemos que ser políticamente correctos y aprender a quejarnos en las calles. La forma moderna a donde arrinconaron a los inconformes porque las noticias vuelan. Lo que se hace con el sufrimiento tarda. ¿Quién en su sano juicio quiere sentarse a sufrir?

No, lo que necesitamos es señalar a los culpables y exigir que nos pidan perdón. ¿Por qué? No lo sabemos bien, pero todo es culpa de la generación que nos antecedió. Nosotros ya hicimos la negociación: unas cuantas vidas a cambio de aguacates y un celular que lo tenga todo y del cual pueda registrar a los culpables de hacer de este mundo una bola de agua podrida.

Todo esto que suena como un llanto no lo es. Ni tampoco es apuntar con el dedo a quien aprovecha la tecnología para su beneficio. Porque aquí se nos obliga a ir detrás de certezas. Por eso terminamos dentro de absolutismos ideológicos sin darnos cuenta. Es una comedia que nos empecinemos en las certezas y absolutos cuando todo el universo vive en un estado cuántico. Y sí, existe una verdad absoluta; la sabemos, queramos o no reconocerla. Todos, sin importar la riqueza, la pobreza, el sufrimiento o la acumulación de poder, vamos a ser una parte polvo y otra combustible para las cosas de las futuras generaciones.

Sigue este blog en Mastodon o el Fediverso para recibir actualizaciones directamente en tu feed.

Pandilla Salvaje
Pandilla Salvaje

Flâneur errante

122 posts
1 follower

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Back to Top
en_USEnglish